Domingo 17/12/2017. Actualizado 01:07h

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Tribunas

El futuro PSOE y la Iglesia

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Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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a elección, el próximo domingo, del Secretario General del PSOE no es una cuestión menor para las relaciones entre la Iglesia y la sociedad, y la Iglesia y el Estado. 

El PSOE representa socialmente a unos cuántos millones de ciudadanos, muchos de ellos cristianos. Es espejo de una izquierda que está en transformación y que debe buscar su lugar también en estas materias, y que además tiene que dar respuesta al efecto radical de Podemos. Uno de los ámbitos de más fácil corrimiento de la izquierda hacia el extremo, junto con el de lo antropológico, es el de la relación con las confesiones religiosas. Un campo de fácil negocio en el caso de que se diera un gobierno futuro de izquierda. 

De hecho, la carrera hacia la Secretaría y la conformación de las candidaturas, de los perfiles de los candidatos al fin y al cabo, ha aportado ya elementos suficientes para poder vislumbrar hacia dónde discurrirá ese necesario diálogo entre el PSOE y la iglesia. 

También hay que distinguir entre las relaciones institucionales y las relaciones personales. En este sentido, el candidato José Antonio Pérez Tapias sale con ventaja y, previsiblemente, contará con los votos de la mayoría de los que pertenecen a la corriente de los cristianos socialistas, ya que ha sido uno de sus mentores intelectuales. 

Pérez Tapias representa un cristianismo social, cuya vocación política no está alejada de una teología práctica conformada por los entornos de la Facultad de Teología de los jesuitas de Granada. En no pocas ocasiones ha ejercido de portavoz de esa corriente minoritaria dentro del PSOE, pero que hoy tiene cierta influencia en la Iglesia en España. Fu especialmente crítico con algunas declaraciones de monseñor Martínez Camino como Secretario General de la Conferencia Episcopal. 

Pero la cuestión que puede poner en evidencia el fondo de la articulación de las relaciones entre la Iglesia y el PSOE es la de los Acuerdos entre la Iglesia y el Estado. Los tres candidatos, con variadas modulaciones, Madina, Sánchez y Pérez Tapias abogan por cambiar el actual status quo. 

Actitud que presumiblemente se encontrará con una negativa cada vez menos solo aparente por parte de la Iglesia en España, que discurre por la dialéctica de una imagen que acepta el cambio social como motor del cambio institucional y que plantea otro campo de juego, y una realidad que se topa con el problema de cómo articular derechos fundamentales. ¿O acaso cambiar los Acuerdos no significa un cambio en la Constitución de 1978 o la espita de ese cambio?  

El problema es que la voz de la Iglesia ante cuestiones institucionales, del ámbito de las clásicas cuestiones mixtas, no tiene la misma acogida ni social ni mediática que la que se refiere a otras materias de la presencia pública. Incluso por el hecho de que se haya reducido lo institucional a la elocuencia episcopal. Otra cuestión será Roma, pero ya sabemos que de Roma viene lo que a Roma va.

En síntesis, Madina, el más duro, apuesta por un estado laico y lleva al PSOE a derogar los Acuerdos y los denominados privilegios fiscales. Sánchez es más fino y habla de profundizar en la laicidad del espacio público y la renegociación de los Acuerdos. Y Pérez Tapias apunta a una reforma y a un Estado lacio basado en el compromiso con la laicidad. 

El problema, al fin y al cabo, es definir los conceptos. Y hacer el tránsito de un estado aconfesional a un estado laico que, presumiblemente, asume el modelo de laicidad francés. 

José Francisco Serrano Oceja  


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