Sábado 21/10/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

La familia en la vieja Europa

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:


Un artículo de...

Jesús Ortiz
Jesús Ortiz

Más artículos de Jesús Ortiz »

El Parlamento Europeo volverá su mirada a la familia en el próximo aniversario del Año Internacional de la Familia, y dispone entre otros del informe “Evolución de la familia en Europa 2014” presentado por el Instituto de Política Familiar (IPF).

Invierno demográfico

Los datos precisan el alcance de algunos problemas de las familias europeas que invitan a la reflexión activa y responsable para defender la familia en tiempos de crisis. La vieja Europa no quiere tener hijos, lo cual no es señal de desarrollo sin de invierno demográfico, a diferencia de otras culturas “menos desarrolladas” pero con más esperanza, como ocurre en África y en el ámbito musulmán.

En concreto el índice medio de fecundidad de la UE es 1,58 cuando la forma de garantizar el reemplazo generacional es teniendo 2,3 hijos por mujer. Pero ningún país europeo llega a esa cifra, que en España es de 1,32. Además el número de abortos en Europa asciende a más de un millón anual, siendo España el tercer país después de Francia y el Reino Unido con 112 mil al año. El resultado es que la edad media de la población europea en 2013 es de 41,9 un poco por encima de España. El reemplazo generacional no podrá darse en muchos años, pero ¿qué nos importa con los problemas que ahora tenemos? Una vez más lo urgente no nos permite ver lo importante, y las cabezas pensantes ideologizadas y a lo suyo.

Preparando el futuro

En Roma se desarrolla estos días el Sínodo extraordinario sobre la familia porque la Iglesia sabe unir el pasado, el presente y el futuro. Después, en el año 2015, tendrá lugar el Sínodo ordinario a fin de presentar ideas y comportamientos para la familia como institución necesaria para vivir en sociedad. La opinión pública se centra muchas veces en algunos problemas de las familia con dificultades aunque puede ocurrir que lo árboles no nos dejen ver el bosque

Desde la fe católica y la misma razón la realidad del matrimonio y la familia es anterior a cualquier cultura y sociedad, pues nace en el origen mismo del hombre y la mujer. Además el sacramento del matrimonio enriquece esta institución natural con dones de Dios para ser fuerte y desarrollar su innata unidad e indisolubilidad. Las propuestas pastorales que se estudian en ambos sínodos serán aplicadas según los problemas de cada cultura y en continentes diversos.

Por eso mismo estos Sínodos quieren dar luz a las conciencias acerca del matrimonio, de la fidelidad tan valorada pero tan escasa en la sociedad, y de los problemas actuales de desarraigo para curar tantas heridas, presentando por ello con claridad la antropología que encamina a la felicidad de las personas y al bien común porque responde a la naturaleza. No se agotan las propuestas en problemas parciales como la comunión de católicos divorciados y casados civilmente; las ayudas a la maternidad y a las madres solteras; los problemas que plantean determinadas culturas sobre la poligamia, los matrimonios forzados, los abusos o el maltrato contra las mujeres.

Sin la convicción de fe que descubre la vocación a la santidad en el matrimonio, lo cual supone ejemplaridad, fortaleza y mucha generosidad con la gracia de Dios, no podrán resolverse problemas concretos. Sin referencia a la vocación y misión del matrimonio cristiano faltarían anclajes seguros para la esperanza y se ofrecerían placebos en lugar de tratamientos eficaces para la salud espiritual de los hombres y mujeres.

No hay recetas generales

Si atendemos al problema concreto -uno entre tantos otros y no en todos los continentes- de los divorciados vueltos a casar civilmente, la Iglesia no puede actuar ofreciendo recetas generales, como dispensar la Eucaristía a la ligera, al igual que tampoco lo hace para todos los fieles, sin pedirles las disposiciones necesarias de comunión y gracia de Dios. Los sacerdotes tienen experiencia de que cada caso es distinto y cada persona vive de manera única sus aspiraciones y su fe.

Porque la Iglesia no quiere poner barreras a nadie sino promover el encuentro con el Dios real tal como se manifiesta en Jesucristo y en la Iglesia como camino de salvación, porque Dios quiere que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

En importante no caer en el victimismo de echar las culpas a los demás e incluso a la misma Iglesia, que actúa como experta en humanidad. Ahora se dispone a estudiar  la pastoral de la familia frente a los nuevos desafíos y anunciar una nueva primavera para la familia, basada en la madurez humana y la santidad personal.  



·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·