Miércoles 13/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El continuo reverdecer de la Fe

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Ya cercano el próximo mes de octubre en el que comenzará a vivirse en toda la Iglesia un Año de la Fe, convocado por el Papa para celebrar también el 50 aniversario de la apertura de los trabajos del Concilio Vaticano II, y mientras en todas las diócesis del mundo hacen sus planes para transmitir mejor y más plenamente la Fe, me encuentro hoy con varias noticias que me han recho reflexionar.

El único sacerdote ordenado en Asturias este año ha muerto repentinamente –a los 35 años-, sin ni siquiera poder comenzar su misión sacerdotal en las parroquias para las que había sido destinado por su Obispo.

El Arzobispo de Lyon, en Francia, reconoce que está ordenando al año, apenas dos ó tres sacerdotes -¿qué son para una diócesis como Lyon?-, mientras que cerca de veinte se le mueren también cada año.

¿Cómo Dios puede permitir estas situaciones? ¿Cómo puede pretender Dios que renazca la Fe si no hay sacerdotes? El pueblo creyente sabe que si hace caso a las palabras de Jesucristo: "Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies", no le faltarán sacerdotes que le anuncien a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre.

Estos días nos han traido también otra noticia que presagia una nueva primavera de la Fe –nunca deja de ser primavera en la Iglesia, aunque a veces nuestra mirada no descubra sus luces- en toda Europa. ¿Qué noticia?

"Medio millón de europeos se lanzan a peregrinar cada fin de semana por viejas rutas sagradas".

El camino de Santiago sigue en pleno renacimiento, acogiendo el cansancio y la conversión de más de 150.000 peregrinos. Y la devoción está renanciendo en muchos santuarios dedicados a la Santísima Virgen, además de la corriente de devoción que permanece siempre viva, en torno a Lourdes, Fatima, Notre Dame de Paris, Torreciudad, Medjugorje, Einsieldn, Canterbury, Roma, Czastochowa, etc.

Y a la vez, de Francia y de Bégica llegan también noticias que manifiestan la perenne vitalidad de la Fe, más allá de apariencias menos luminosas.

Maurice Dantec un escritor francés, siempre bien acogido por la crítica, al menos hasta ahora, no ha tenido empacho en afirmar pública y claramente: "No hay futuro para la humanidad fuera de Cristo". Hasta su conversión se había movido en ámbitos "futuristas", y ahora con la misma libertad podrá seguir caminando hacia el verdadero futuro, en compañía de Quien ha injertado el tiempo en la eternidad: Dios hecho hombre.

Y con Dantec, ya son varios los escritores de la nueva literatura y pensamiento francés que se han ido convirtiendo, silenciosa y serenamente, al catolicismo: Hadjadj, Tallandier, Germain, Gillebaud,... Claudel, Mauriac se alegrarán de que otros compatriotas suyos caminen por donde ellos caminaron. Y se alegrará también el filósofo español Manuel García Morente, compañero de Ortega y Gasset, profesor de Millán Puelles, de quien se ha celebrado recientemente el 75 aniversario de su conversión, y de su sacerdocio.

Los intelectuales franceses no están solos. E. Schmitt, B. Sichére, J.L. Chrétien, de la vecina Bélgica, les han acompañado también en ese largo camino desde la obscuridad del esceptisicmo hasta la luz fe católica.

¡Bienvenidos! La esperanza no se apaga jamás en el corazón del hombre que cree, y vive, la Resurrección de Cristo.

Ernesto Juliá Díazernesto.julia@gmail.com

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