Jueves 19/07/2018. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

La cercanía de Dios

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

"El ateo nunca le perdona a Dios su inexistencia", "Es más fácil creer en los dioses del Olimpo o de los Indigitamenta que en la inexistencia de Dios".

Dos aforismos del colombiano Nicolás Gómez Dávila, que han recobrado mucha actualidad en estos días. Y han sido personas que se declaran ateas, no-creyentes, alejados de Dios en el significado más amplio del término, quienes los han puesto otra vez de moda.

¿Qué han hecho?

Sencillamente, dejar al descubierto su nerviosismo, cuando no su enfado, su malestar, ante el desarrollo de la reciente Jornada Mundial de la Juventud.

El declarado ateo, no-creyente, etc., con una cierta lógica podría pasar de largo ante una manifestación de Fe en Dios semejante, sin prestarle la mínima atención. ¿Por qué preocuparse de Dios, si afirma su Inexistencia? Y, sin embargo, muchos no-creyentes, y muchos agnósticos y algún que otro ateo, no acaban de ver con buenos ojos que otros ateos, no-creyentes, agnósticos, se preocupen de poner en duda su "dogma-anti-dogma" de la Inexistencia de Dios.

Alguno hasta se preocupa de buscar las "armas" que han podido utilizar Benedicto XVI, Rouco, y todo el organigrama de la JMJ para "embaucar" a tanta gente. ¿Magia, carisma personal, técnicas de comunicación, aromas orientales; drogas, etc.?

Ya sólo falta que a alguien se le ocurra –aunque quizá ya se le ha ocurrido, que la imaginación de los ateos, agnósticos, no-creyentes cuando se lanza contra Dios adquiere unos matices verdaderamente curiosos- escriba que la tormenta, con el viento y la lluvia, y los rayos, ha sido la puesta en escena de unos efectos especiales para dejar boquiabierto a todo el mundo; para después, frenar los rayos, el viento, y la lluvia en el momento oportuno, para que el silencio, fruto de otro "efecto especial", llenara de adoración el corazón de más de un millón de hombres y mujeres jóvenes.

Aunque quizá nunca osarían llamar a ese silencio, silencio de oración y de adoración, porque les pondría ante la pregunta: ¿por qué y a Quién adoran; por qué y a Quién rezan?

Hasta el periódico del Vaticano, L'Osservatore Romano ha reconocido que uno de los frutos más notables de estos días pasados en Madrid ha sido el devolver nueva actualidad a ese pequeño acto de piedad que se llama la "comunión espiritual". Una oración sencilla que el cristiano reza manifestando al Señor su deseo de prepararse para recibirlo en la Comunión Eucarística, o bien, su deseo de acogerlo con todo el corazón cuando no puede recibir la Eucaristía por cualquier causa, y hacerlo "con la pureza, humildad y devoción" de la Virgen María y "el espíritu y el fervor" de los santos.

Conozco a un profesor judío que reza esa oración pidiendo a Jesucristo que le ilumine para creer en Él, en el Hijo de Dios hecho hombre. Ya me ha dicho un no-creyente que ya no afirma que es no creyente, y que reza esa oración para que su alma se llene, de nuevo de la plenitud de la Fe. He comenzado a hablar con un ateo que se ha visto removido hasta lo más recóndito de su corazón, y ha notado el venirse debajo de todo el armazón sobre el que había prendido asentar la "racionalidad" de su "increencia".

El silencio, después de la tormenta con su viento, su lluvia, sus rayos, se ha convertido para muchos en ese silencio del alma que el hombre necesita para descubrir a Dios; y que Dios anhela para manifestar al hombre su alegría de estar con él.

Y esa "cercanía de Dios, en Cristo Nuestro Señor", es la que lleva a algunos ateos, agnósicos, no –creyentes "a no perdonar a Dios su inexistencia".

Ernesto Juliá Díaz

ernesto.julia@gmail.com

·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·