Sábado 21/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Las aclaraciones del cardenal Müller

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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La reciente visita del cardenal Gerhard L. Müller a España ha dejado un buen sabor de boca allí por dónde pasó. No solo estuvo en Madrid para presentar su último libro. También se desplazó a Asturias, invitado por el arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes.

Fue en Asturias donde el cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe aclaró algunas dudas que le plantearon los medios en improvisado coloquio. Dijo el cardenal Müller, -por cierto, uno de los máximos especialistas en la cuestión del diaconado femenino-, que el servicio más importante que le podía prestar al Papa es el de ofrecer su pensamiento en libertad. Aspecto éste que el Papa Francisco aprecia expresamente.

La conferencia que pronunció el cardenal Müller en el Seminario Metropolitano de Oviedo, a la que asistieron, entre otros, el arzobispo de Burgos, el obispo de Santander, el de Orense o el de Lugo, con el título “¿Qué podemos esperar de la familia? Una cultura de esperanza para la familia a partir de la Amoris Laetitia”, fue un ejemplo de seriedad y rigor teológico.

El cardenal Gerhard L. Müller no se anduvo por las ramas y entró de lleno a explicar algunas cuestiones acerca de la recepción de la “Amoris laetitia”. Dijo, por ejemplo que –perdón por la larga cita-:

“Algunos han afirmado estos días que Amoris Laetitia ha eliminado esta disciplina, permitiendo, al menos en ciertos casos, que los divorciados que viven en nueva unión pudieran recibir la Eucaristía sin necesidad de transformar su modo de vida según lo indicado en Familiaris consortio n.84 (abandonando la nueva unión o viviendo en ella como hermanos). A esto habría que responder que si Amoris Laetitia hubiera querido cancelar una disciplina tan arraigada y de tanto peso, lo habría expresado con claridad, ofreciendo razones para ello. No hay, sin embargo, ninguna afirmación en este sentido en la exhortación apostólica post-sinodal, ni el Papa pone en duda en ningún momento los argumentos presentados por sus predecesores, que no se basan en la culpabilidad subjetiva de estos hermanos nuestros, sino en su modo visible, objetivo de vida, contrario a las palabras de Cristo”.

¿Dónde radica el cambio? ¿En una nota a pie de página? Veamos lo que dice el cardenal Müller:

“¿Pero no se encuentra este cambio – objetan todavía algunos – en una nota a pie de página, donde se dice que, en algunas ocasiones, la Iglesia podría ofrecer la ayuda de los sacramentos a quienes viven en situación objetiva de pecado (nota n.351)? Sin entrar en un análisis detallado, basta decir que esta nota se refiere a situaciones objetivas de pecado en general, sin afectar al caso específico de los divorciados en nueva unión civil. La situación de estos últimos, en efecto, tiene rasgos peculiares, que la distinguen de otras situaciones: ellos viven en contraposición con el sacramento del Matrimonio y, por tanto, con la economía de los sacramentos, que tiene su centro en la Eucaristía. Esta es, de hecho, la razón indicada por el magisterio precedente para justificar la disciplina eucarística de FC 84: un argumento que no aparece en la nota ni en su contexto. Lo que afirma la nota 351, por tanto, no toca a la disciplina anterior: sigue en pie la norma de FC 84 y SC 29 y su aplicación en todo caso”. 

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