Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Tufillo electoral

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Estos días pasados he recuperado una cita de don Giussani, fundador de Comunión y Liberación. Dice así: “Los hombres que persiguen a la Iglesia sueñan con la supresión de la libertad, porque el gran ideal de este mundo es crear un universo de autómatas: “Sistemas tan perfectos que nadie necesitará ser bueno”.

Es posible que la más grave tentación de nuestros días sea la tendencia al vaciamiento como primer compás de una política fashion: el hombre sin contenidos; el matrimonio sin contenidos; la educación sin contenidos; la política sin contenidos, los partidos sin contenidos.

Kafka aparece de nuevo para recordarnos: “Existe un punto de llegada, pero ningún camino; aquello que llamamos camino no es más que vacilación”.

El tufillo a calentamiento de urna activa todos los recursos para la elaboración de los programas electorales de los grandes partidos, con las próximas, las siguientes, ¿las últimas? elecciones generales. No es ya una quimera, la carrera de fondo ya ha comenzado, y no se juega precisamente en el pin-pan-pun del día a día. Las investigaciones de mercado funcionan y las estrategias de testado, también.

Tenemos un problema dramático: no sabemos reconocernos a nosotros mismos, ni sabemos reconocer de dónde venimos, ni sabemos rodear con un círculo a dónde vamos. Los únicos círculos que parecen funcionar son los de Podemos. 

¿Cómo abordarán los partidos políticos cuestiones claves como la educación, la libertad, las políticas derivadas de una comprensión antropológica, la solidaridad, la integración social? ¿Hacia dónde se dirigirá el fragmentado voto de los católicos? ¿Qué criterios utilizaremos para el voto en conciencia?

La primera y más principal tentación de Occidente es su destrucción, acaso programada silenciosamente por la ingeniería social. Una destrucción que comienza por la libertad, y que se basa en la mentira. Y la destrucción de la política española, ¿se está programando ya? ¿Con las palabras, con los silencios, con los programas electorales, con la rutina, con los radicales?

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