Sábado 21/07/2018. Actualizado 01:00h

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Tierra Santa

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Un artículo de...

Rosa Corazón
Rosa Corazón

Abogada del Tribunal de la Rota y de Tribunales Eclesiásticos de España

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Cada vez que se va, se disfruta más, se aprende más, se valora más… Esta es mi experiencia.

La primera vez es ¡el viaje de la vida! Después, hay muchas ganas de repetirlo… Y es que vale la pena.

Hic, aquí, es lo fundamental… Sin importar mucho si fue exactamente ahí o unos metros más o menos. Pero lo que es seguro es que fue ahí, en ese paisaje, en esa tierra, en ese lago, en ese aire, en esa montaña,… ¡Ahí!

Nazareth. ¡Aquí fue engendrado el Hijo de Dios!

Y el buen guía, sacerdote, con alma de poeta, nos comentó que esa noche le había costado conciliar el sueño pensando que ahí, a unos pocos metros de su cama, fue el primer llanto del Niño Jesús…

Y besamos con devoción el lugar señalado…

El hotel de Nazareth estaba en la zona alta, donde quisieron despeñarlo y, cuenta el evangelio, Él se escabulló.

Jesús, perfecto Dios y perfecto hombre, no siempre es igual, como nosotros…

Unas veces planta cara: ¿a quién buscáis? A Jesús nazareno, le responden. Yo soy, les contesta con total claridad en el huerto de los olivos, tras la noche de suprema angustia.

Pero, por el contrario, otras considera más prudente no enfrentarse y… ¡se escabulle!

Que el Espíritu Santo, sabiduría infinita, nos dé su luz para ver cómo debemos actuar siguiendo sus pasos, pues en realidad se trata de pedir, como hacía la pequeña Alexia, “Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras”.

Fuimos al lugar de la Anunciación. Al de los católicos y al de los ortodoxos, que dicen que el Ángel anunció a María en el pozo, cuando iba a buscar agua… ¡Qué más da! Pero fue ahí. Eso sí es importante.

Belén, hic verbum carum factum est. Aquí se hizo carne el Hijo de Dios… Y besamos con unción el sitio donde así está indicado.

Fuimos al lugar de la leche que cuenta la tradición que a la Virgen, dando de mamar el Niño, se le cayó una gota de leche al suelo… Es bonito, una joven madre primeriza amamantando a su pequeño. Y San José, joven padre primerizo, contemplando la escena, sería el hombre más feliz de este mundo.

Jerusalem

Y allí, el huerto de los olivos… La suprema soledad, porque se durmieron. La suprema angustia, angustias de muerte. El rechazaba ese dolor: “si puede pasar este cáliz….” Y, a pesar del rechazo, su aceptación: “no se haga lo que yo quiera, sino lo que quieras Tú”.

Y el lugar donde lloró contemplando a la ciudad: “cuántas veces… como la gallina acoge a sus polluelos”.

Y en el Gólgota, el calvario. Estremece meter el brazo casi hasta el codo donde clavaron la Cruz de Cristo y, como decimos en Semana Santa, donde fue enclavada la salvación del mundo. Venid, adoremos…

Y el Santo Sepulcro, donde fue enterrado y ¡donde resucitó por su propio poder!

Y la Misa, la Eucaristía en cada uno de los lugares santos…

Y el paseo en barca por el lago de Tiberiades, como harían tantas veces los discípulos con Él.

Y comer el pez, con bastantes espinas, del que San Pedro sacó la moneda para pagar el tributo por él y por su Maestro.

¿Qué te puedo decir?

Cristiano, ve a Tierra Santa, no te arrepentirás.


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