Miércoles 13/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Tiempo de Infancia

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Hablar de la familia es, también, hablar de la infancia. Máxime en este tiempo de Epifanía. La percepción social de la Infancia ha padecido algunas sustanciales mutaciones en la historia.

Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Una de las contradicciones culturales de nuestro tiempo radica en la paradoja de proclamar que el niño es el astro rey mientras nos encontramos con la hostilidad del mundo hacia los niños. Una hostilidad que se traduce en negar al niño espacio interior y exterior para que pueda desarrollarse con libertad y alegría.

Las manifestaciones de esa hostilidad del mundo hacia el niño son múltiples. Desde las pertas cerradas de quienes legitiman la posibilidad de su vida misma y cercenan el hilo de su existencia, de su ser como realidad que viene, hasta quienes utilizan a la infancia como reclamo o como medio para conquistar dinero, poder, placer. El niño es para no pocos una suerte de amenaza, un peligro, un accidente que hay que evitar. Digámoslo con claridad: en muchas de las manifestaciones culturales y en el sistema de valores de la sociedad de consumo, el niño se presenta como una amenaza, como un competidor de nuestra libertad.

Sin embargo, el significado del nacimiento y de la manifestación del Niño Dios y de cada niño representa todo lo contrario. Significa una nueva oportunidad para repensar nuestra propia relación con la vida. Para la Iglesia, para la misión ad gentes, el protagonismo de los niños, representa una oportunidad para repensar nuestra relación con la vida, con las alegrías y con las esperanzas, con los problemas de la humanidad.

El Pontificado del Papa Francisco es una muestra de que la muerte de la humildad es la auténtica razón de nuestra incapacidad de creer. La voluntad de cambiar el mudo, de hacer progresar la realidad, ha olvidado el misterio del amor y la capacidad de suscitar la pregunta por la libertad. En la Navidad, Dios no nos ha dejado solos en el juego de buscar la verdad y de encontrar la verdad. Él mismo lo ha iniciado; Él mismo nos acompaña y suscita en nosotros la libertad.

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