Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Teología en la puerta del sol

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La utopía acampó en la puerta del sol cuando las gaviotas del PP han emprendido el vuelo. No es Tomás Moro, es Tommaso Campanella con su imaginaria ciudad del sol quien ha inspirado a la comunidad humana de la expresión del deseo. Las fachadas de los edificios circundantes rememoran los clásicos murales de derramadas lágrimas confusas de ideologías que pertenecen a la historia, mezcladas con narraciones de vida, de drama, de sufrimiento. Lo real es lo humano. Mucho se ha escrito sobre la Iglesia, el cristiano y lo cristiano en la puerta del sol, kilómetro cero de confusión. Teólogos de última hora, de teología asamblearia, se han apresurado a felicitar a los jóvenes allí reunidos por su espíritu evangélico; comunidades cristianas del mundo red alientan la presencia de sus miembros en esa urbe incógnita de manos negras y blancas. Todo muy humano, todo muy primigenio, primitivo y primario. Todo muy político y nada político. No estaría de más que quienes se han apresurado a bendecir el deseo insatisfecho del corazón del hombre, las legítimas reivindicaciones mezcladas de restos de ideologías que ya han enseñado sus fauces en la historia, leyeran el último libro de Klaus Berger sobre los primeros cristianos para saber quiénes eran los primeros y porqué eran cristianos. ¿Cómo evangelizar a quienes viven en la puerta del sol?

El tiempo todo lo cura y la explosión de ingenuidad histórica pasará, o quizá se agudice con los nuevos vientos de la política española. La sociedad transita por una vía y la puerta del sol se convierte en territorio extraterrestre. De momento, L´Osservatore romano no ha escrito nada. Esta semana el cardenal Rouco comparece socialmente, bueno, esto lo hace cada vez que visita una parroquia, celebra la Santa Misa, y seguro que le preguntarán por el territorio humano, social, geográfico, exento siempre, de la puerta del sol. Han pasado los días de los efluvios electorales y el sentido de la concentración se pierde en el romanticismo. El cardenal Rouco va a hablar de la JMJ, Madrid capital mundial de la Juventud, qué Juventud, distinta Juventud, en el próximo mes de agosto. La puerta del sol es un previo de claroscuros para preparar la visita del Papa. Ahora le toca mover ficha al gobierno. Distancia sideral entre la puerta del sol y cuatro vientos.

Hannah Arendt se preguntó qué es la política. ¿Es política lo que se hace, lo que se dice, lo que se vive en la puerta del sol? La política, respondió, “no es un mal necesario para la supervivencia de la humanidad”. La puerta del sol no es un mal necesario para la supervivencia del progresismo, también del eclesial, tampoco del eclesial. La política de la puerta del sol sirve para consentir la libre expresión de la espontaneidad naturalista. Existe la política sin el enemigo, por más que lo diga Schmitt, Strauss o Freund. Pero el enemigo está dentro de nosotros, de lo humano, y sólo la gracia del encuentro con Cristo es capaz de invitar al enemigo de oropeles ideológicos a levantar el campamento del deseo insatisfecho, travestido de intereses inconfensables auspiciados por el dinero del ministerio de asuntos sociales, que ha financiado, desde hace ya unos cuántos años, la perversión utópica de la juventud española. Lo digan las encuestas o lo digan los encuestadores. La finalidad de la polis es la vida virtuosa. También en la puerta del sol. También para Tommaso Campanella.

José Francisco Serrano Oceja

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