Lunes 18/12/2017. Actualizado 01:34h

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Tribunas

Teología, Ciencia, Sabiduría

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Una de las grandes tareas que han desarrollado los últimos Papas en su misión de transmitir la "inefable profundidad de la Verdad de Dios", es la de recordar a toda la Iglesia que la Fe y la Razón han de caminar unidas, respetándose mutuamente y a la vez, abriéndose horizontes la una a la otra.

"Una recta razón manifiesta los fundamentos de la Fe, e iluminada por la luz de la Fe, avanza en el entendimiento de las cosas divinas. A la vez, la Fe protege a la razón de posibles errores y le abre un gran horizonte de nuevas perspectivas".

El documento de la Comisión Teológica Internacional, que ya comentamos en el escrito precedente, vuelve sobre esta cuestión fundamental, en la esperanza de no desvincular la Fe y la Razón; desunión que siempre acaba arrinconando la Fe como un simple sentimiento, una emoción, si acaso una intuición, que sólo se sostiene en la receptibilidad de cada creyente.

"La verdad de Dios, aceptada por la Fe y en la Fe, encuentra la razón humana. Creada a imagen y semejanza de Dios, la persona humana es capaz, por la luz de la razón, de penetrar más allá de las apariencias de la realidad y abrirse a la realidad universal".

Dios dialoga con su criatura. El abismo entre Dios y su criatura existe y está siempre presente en el misterio que, en cualquier circunstancia, rodeará nuestro conocimiento de Dios hasta que lo veamos "cara a cara". Este hecho no es un obstáculo; es una invitación al creyente a valerse de todas sus facultades para acercarse al Misterio de Dios.

"El diálogo entre Fe y Razón, entre teología y filosofía, es exigido no sólo por la Fe sino también por la Razón.".

Descubrir, con la razón, las huellas, las señales, de Dios en toda la creación, en la realidad de la naturaleza que se nos presenta como objeto de investigación, de estudio, y nos invita siempre a escudriñarla más y más; es algo al alcance de cualquier razón humana que no establezca, para sí misma y gratuitamente, el principio de que "lo que no comprendo, lo que no veo, lo que no puedo dominar con mis fuerzas, no existe".

Ese "pre-juicio" ha diezmado muchas energías a la inteligencia de no pocos pensadores insignes, desde Descartes, Kant y Hume hasta nuestros días; y ha dejado alguna huella también en la mente de los teólogos que no han afrontado adecuadamente la tarea de hacer de la Teología –que trabaja con la Revelación- una verdadera "ciencia de Dios".

"La Teología es ciencia de Dios en la medida en que es una participación racional en el conocimiento que Dios tiene de Sí mismo y de todas las cosas". Y, a la vez, recuerda el documento, "como ciencia de Dios", la teología busca entender racional y sistemáticamente la Verdad salvadora de Dios".

La Teología es verdadera "ciencia de la fe". Y como tal es un verdadero reto, que todos los grandes pensadores cristianos han afrontado con la humildad que requiere una empresa semejante, conscientes de que la razón nunca podrá llegar a "razonar" todas las profundidades del misterio de Dios. Y conscientes, también, de que para que la razón se mueva adecuadamente en estos caminos, necesita recibir la luz que le viene al hombre de la Adoración.

Todos los grandes teólogos han sido grandes y humildes adoradores. Y así recibieron el don de la Sabiduría

Ernesto Juliá Díaz

ernesto.julia@gmail.com

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