Jueves 14/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Semana de nombramientos

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Concluye esta semana, y finaliza el “annus horribilis” de 2010, con una ristra de nombramientos vaticanos, algunos de obligado cumplimiento, otros, motivados por las vacantes o por las prioridades múltiples. Quizá haya que destacar el de dos españoles: el del riojano Celso Morga Iruzubieta como Secretario de la Congregación del Clero, que con ese segundo apellido bien pudiera terminar algún día ejerciendo de segundo apellido, máxime cuando es experto en catequética y además de la cantera de expertos en catequética de la Universidad de Navarra, que no ha dado, ni mucho menos, malos frutos; y el de Silverio Nieto como consultor del Pontificio Consejo Cor Unum, un sacerdote, jurista para todo y para todos, de la Conferencia Episcopal Española, de quien se esperaba que su nombre apareciera en L´Osservatore Romano desde hace mucho. Y se sigue esperando, aunque ahora haya surgido en la dedicación de asesor de la caridad del Papa, con lo que habrá que sospechar que la caridad del Papa necesita también de justicia, perdón, de Derecho civil y Canónico.

Pero el interés de la noticia reside también en las designaciones que no se han producido. Sorprende, y cada día que pasa sorprende más, que aún este vacante el nombramiento de secretario del nuevo Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización. No se trata sólo de dar cumplimiento inmediato a un dicasterio que representa una de las novedades de Benedicto XVI; se trata de enviar un mensaje de prioridad en todo su sentido. Mantener el nombre de la cosa sin la materia de la cosa no es un muy realista, al menos en filosofía. Un dicasterio que, si está pensado, como señala la bula de su constitución, en los países del viejo continente, de la vieja evangelización, no parecería muy coherente que tuviera a un asiático o africano como secretario, por más que se busque el complemento con su presidente.

Otra de las cuestiones pendientes es la del cardenal Rodríguez Madariaga, que parece se anuncia como inminente y que podría ir destinado la Congregación de Vida religiosa, todo un reto. Confluyen tres características que le hacen destinatario de un alto puesto de responsabilidad en la Curia Vaticana. Sin tener en cuenta el orden de prelación, digamos que: es salesiano, y esta cualidad parece estar en alza en algunos ambientes de Secretaría de Estado; en segundo lugar, está amenazado de muerte. Aunque no es el primero, y ojalá fuera el último de los eclesiásticos amenazados en América Latina, su singular protagonismo público le convierte en una diana fácil para un efecto en la opinión pública; y, tercero, se da una carencia de prelados sudamericanos de alto nivel en la Curia Vaticana. Su nombramiento tendría un efecto tsunami para quienes esperan nuevos cambios en el consejo del gobierno del día a día de la Iglesia. Todo se andará, quizá, el año nuevo…

José Francisco Serrano Oceja

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