Martes 12/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Sartori y aborto...

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Un artículo de...

Daniel Tirapu
Daniel Tirapu

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1. Tiene gracia que Giovanni Sartori, y con él muchos otros, nos recuerden a Santo Tomás de Aquino -ya podían hacerle más caso en otros asuntos-, cuando, en el siglo XIII y con los conocimientos científicos de aquella época, expresaba la idea de que el alma humana se infunde por Dios en el segundo o tercer mes de la gestación. "Hagan caso de Santo Tomás, -nos dicen los que no creen nada-, al Doctor excelso, y dejen que la ciencia avance trabajando sobre embriones sin alma hasta el tercer mes".

Lean, por ejemplo al Dr. Lejeune o a Nathanson, converso del aborto hacia la vida, y la conclusión es clara: el óvulo sólo con una vida limitada a 28 días -soy jurista no médico- y la célula reproductora masculina, que llega a dos o tres horas de vida, es desde el momento de la fecundación un nuevo ser vivo con la potencialidad de ser uno de nosotros. En un momento de mi vida fui un embrión, en el segundo 0,1 de mi existencia. ERGO, el alma existe desde la fecundación de un ser vivo humano.

2. Ciertamente que nuestro Código civil habla de persona física respecto del feto desprendido de la madre 24 horas y que tenga forma humana (aunque sea muy feo), por ello la Constitución, hasta hace poco Santa Constitución, eligió el término TODOS tienen derecho a la vida, precisamente para impedir el aborto. El código civil en este asunto se ha quedado muy antiguo y es como cuando el derecho usa términos como "el loco", "el furioso", "el idiota" para expresar enfermedades síquicas incapacitantes. Deberían charlar un poco más los juristas con los científicos para ir poniendo al día algunos conceptos.

Sartori habla de la autoconciencia como característica de persona humana, ¿un niño de dos meses la tiene, o de un año?, yo no me acuerdo. Pero uno es persona según el código civil desde las 24 horas de nacido, independientemente de la autoconciencia que tenga. El feto oye música, se ríe, salta, da patadas (que se lo pregunten a las mamás), se asusta cuando con un bisturí llega un desalmado para matarlo por motivos económicos de su madre o de su padre.

3. La Iglesia es clara en su mensaje, la vida es sagrada desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Sartori alega que el embrión no es viable mientras no se implante en el útero materno (curioso, pero todavía la ciencia no ha llegado a crear las condiciones de un útero extrauterino o artificial). Eso no es motivo para decir que como no se implanta en un útero se puede usar confines científicos. En todo caso, como hacen las leyes de otros países, por ejemplo, Francia-, admítase la manipulación del embrión siempre en favor del embrión, que ya tiene alma. Por ejemplo, a ser implantado en un útero como siguiente paso.

4. Resulta que ahora a Sartori y tantos pensadores materialistas les interesa el tema del alma, para ser unos desalmados con los pequeños embriones que también ellos fueron un día. En cuanto al tema de si un deficiente o un niño enfermo merece vivir, que lo decida Dios, no sean nazis o superhombres para decidir quién vive y quien muere. Oriana Fallaci se ha convertido en una defensora de la vida, de nuestra civilización cristiana y dice que el nacional socialismo (lo de socialismo se suele omitir, curioso), pretendía justamente esto que nos dicen ahora: clonar, dirigir, convertir a los niños probeta en una especie de probeta de Aladino, para curar a otros, ser arios, genéticamente perfectos y muy guapos.

Por favor, abandonen sus proyectos de Auschwitz intrauterino o extrauterino, dejen el Dachau de las vidas inútiles de los deficientes, háganlo por el bien de la humanidad y para no ser tan cerriles, tan cerriles como dicen ustedes que es la Iglesia Católica que, por cierto, me alegra siga defendiendo a los más pobres e indefensos embriones.

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