Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

La Roma de España

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Roma siempre espera; Roma siempre aguarda. Roma habla y la causa está acabada. De Roma viene, lo que a Roma fue. Conjugaciones y constelaciones romanas.

Benedicto XVI es el Papa que está obligando a la Iglesia, y al mundo, a un esfuerzo de inteligencia. De la inteligencia de la fe y de la palabra. El Papa camina ahora con pasos cortos, como evitando las trampas de la historia. No es por causa del cansancio, lógico en estas fechas, sino por la cautela.

En la sala Pablo VI, durante el encuentro con los peregrinos de Madrid, a los que se habían sumado de forma, más o menos improvisada, algunos chavales siempre entusiastas del UNIV 2012, el Papa no necesitó bastón. Será porque la luz del Cristo resucitado que preside la Sala le da fuerzas para mantenerse erguido en un momento en el que, en Roma, todo es curvo, nada lineal, ni plano, aparece otra nueva dimensión.

En Roma hablan de las cosas del cardenal Rouco. ¿Y cuáles son las cosas del cardenal Rouco; cuáles sus santos empeños? El primero, estar siempre cerca del corazón del Papa. Con su Iglesia, con sus obispos auxiliares, con los obispos de la Provincia eclesiástica. Da gusto ver cómo los obispos auxiliares de Madrid auxilian en la cercanía, en la confianza y en la confidencia.

No se trata sólo de esa mirada entre el Papa y el cardenal de Madrid de la que se ha hablado en los medios, en fugaz intervención a la salida de la audiencia, con el fervor, el calor y el furor del encuentro, de ese lenguaje de historia común con el Papa. Se trata de la pedagogía, en la Iglesia en Madrid y en la Iglesia en España, de amor al suceso de Pedro, cum Petro et sub Petro, aquel grito católico y purificado de España con el Papa.

En la misa de los peregrinos madrileños presidida por el cardenal Rouco en la Basílica de San Pedro, su homilía discurrió por entre los derroteros del género de la lección de eclesiología y de historia de la Iglesia, mezclados con teología de la historia y de la espiritualidad castellana. Al cardenal Rouco le pueden los siglos XV y XVI, y no solo por que fueron el objeto de su tesis doctoral, sino porque ahí España ayudó decisivamente a la Iglesia, la Católica, la romana, a entrar en la modernidad. Al cardenal Rouco le puede la modernidad y el humanismo y por eso está empeñado en lo que hay más allá de la modernidad, ultramodernidad, postmodernidad o como se diga. El cardenal Rouco recordó en su homilía del altar de la confesión las relaciones españolas con la Basílica de san Pedro, sus etapas en la construcción ligadas a la contribución de la corona española. Cita para ilustrados: las varias historias de ese período de H. Jedin.

No pudo hacer lo mismo el cardenal en la previa recepción de la víspera en la embajada de España ante la Santa Sede. Se notaba que la anfitriona, siempre amable, delicada, atenta, especialmente con Ana Botella, muy profesional en su diplomacia, estaba haciendo, muy a su pesar, las maletas. Poca presencia de españoles en la recepción. Se vio por allí al Prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echeverría, siempre solícito, y a monseñor del Blanco, y poco más. La Embajada de la plaza de la Inmaculada vive de la espera, de la expectativa y, por ser romana, de la Esperanza.

José Francisco Serrano Oceja

jfsoc@ono.com

·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·