Martes 24/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

De Reyes Magos, brujas y totalitarios

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Un artículo de...

Daniel Tirapu
Daniel Tirapu

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En una tribuna de hace un tiempo reivindicaba el espacio privado como sagrado para la libertad, con sus límites racionales claro. Hobbes hablaba del poder del Estado como del Leviatán bíblico, que procura invadirlo todo.

Lo de las cabalgatas de este año en manos de algunos alcaldes, al margen de pintorescas gracietas, demuestra su afán totalitario, revolucionario en el peor sentido, y ¡ojo!, están jugando con la ilusión sagrada de los niños. Las cabalgatas de Reyes son una tradición cristiana y especialmente española. Unos magos de lejos vieron la estrella y buscaron, y viajaron para rendir honor al Rey de los judíos, al niño Jesús-Dios. Oriente y Occidente han visto en esta singular historia, la epifanía, que ese niño no era sólo de los judíos, sino del mundo entero, que se manifiesta a su Pueblo y al nuevo Pueblo de Dios que es la humanidad. En Belén está todo y estamos todos.

Muy propio del marxismo es suprimir o prohibir, y si no puede, desbaratar, reinventar, suplantar, mentir. La cabalgata sería así un fenómeno de multiculturalismo, de igualdad no sexista, de valores anticapital, en nombre de no se sabe qué. De ahí, Reinas magas que se llaman fraternidad, igualdad o brujas de salem. Ni las tradiciones y más si son cristianas merecen atención, porque también el mundo de la ilusión, de los símbolos ha de ser sometido al poder.

Pero, cuidado, se está jugando con la ilusión de los más inocentes, los niños y sus familias... Sé de gente que este año no ha ido a la cabalgata de reyes, por no llevarse un calentón. Y con eso no se juega. Si se quita a Dios , no lo duden, es para ponerse alguien ese lugar, llámenle cómo quieran.

Ignacio Camacho lo resume así: “Ese sentido implacable del dogmatismo no concede margen a la fantasía. Necesita operar sobre cualquier categoría emocional para colonizar todos los ámbitos de la conciencia. Plantar su huella en cualquier predio interior, reescribir todo relato, por nimio que sea, susceptible de albergar valores colectivos diferentes. Asaltar incluso los recónditos pliegues de la imaginación, modificar la sustancia etérea de los más inocentes espejismos. Implantar la cuota de ideología hasta en las candorosas liturgias de la niñez. Prohibir, y en su defecto reconducir, organizar o intervenir los sueños”.

Es bueno, a veces, profundizar y no quedarse en la superficie. Por cierto, como siempre, Los reyes y los míos también han sido fastuosos. Y las brujas mejor para Hallowen.

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