Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Religión, moral, cultura

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He modificado el orden de las palabras que dieron título al artículo anterior. Y pienso que el cambio tiene sentido. Ya lo consideramos, y es dato de experiencia. La cultura no surge por sí misma, ni se explica a sí misma; y mucho menos la moral. Moral y cultura están al servicio de la realización plena del hombre; y el hombre sin la relación con Dios es incomprensibe.

Es natural que ni Europa, ni España vuelvan a ser lo que fueron un tiempo. Las civilizaciones desaparecen, y las naciones y el conjunto de naciones también. Los territorios, sin embargo, permanecen, y las tierras vuelven a florecer. ¿Surgirá una nueva cultura?

"El retorno de la tradición critiana histórica devolvería a nuestra civilización la fuerza moral que necesita para dominar las circunstancias externas y evitar los peligros de la actual situación. Hemos visto que la ciencia es incapaz de realizar todas sus vastas potencialidades para la organización y la transformación de la existencia humana, a menos que sea dirigida por un propósito moral que no posee en sí misma. Y puede hallar esta fuerza dinámica en una verdadera religión histórica como el Cristianismo, mejor que en cualquier religión de ciencia, simple deux ex machina, carente de vitalidad espiritual, para la solución de un problema intelectual temporal".

Christopher Dawson no tendría inconveniente en volver a escribir esta misma consideración, años después de la primera edición de su obra -Progress and Religion-, en 1929. Sencillamente, porque es bien consciente y así lo subrayó en otro de sus grandes estudios sobre "Religión y Cultura", de que toda sociedad culturalmente vital debe poseer una religión que impregne su forma cultural, y que el problema del desarrolo y cambios sociales tiene que ser estudiados en relación con el factor religioso.

No hemos de olvidar, por otra parte, que el desarrollo de las culturas no es un proceso lineal y siempre a mejor, como consideraron los teóricos del progreso que hemos padecido, y muy cruelmente, en los últimos años y especialmente a lo largo de dos siglos. Las realidades técnicas y mejoras de bienestar social -muy de agradecer- no han sido acompañadas en absoluto por una mejora del nivel humano y cultural, y espiritual de las personas.

Olegario González de Cardedal, en el artículo que estamos comentando, se enfrenta con la necesidad de vivificar el entramado cultural en el que Europa y España se desenvuelven actualmente. Y subrayando el peso de la religión en todo este proceso, escribe:

"El cristianismo se encuentra hoy ante situaciones nuevas: una exculturación del legado simbólico católico; un pluralismo antropológico que renuncia a elementos esenciales comunes de lo humanos; una posmodernidad que recorta los horizontes de Absoluto para concentrarse en el instante, el individuo, los dioses inmediatos del poder, del placer, de la sensación y de la función; un renacimiento salvaje de lo religioso identificado con lo mítico, lo visceral, lo abismático, lo divino, lo telúrico, pero con rechazo simultáneo del Dios personal e histórico, del Dios libertad y gracia, el único que es digno del hombre"

Y añade a esa consideración sobre la que vamos a parar nuestra atención:

"A la Iglesia le es necesario elaborar un pensamiento, lenguaje y signos que sean inteligibles y creíbles en la nueva cultura". Yo me pregunto: ¿q ué cultura? ¿existe verdaderamente hoy e;n Europa y en España una verdadera cultura , unos principios de actuación, de comportamiento, en la vida social, política, de relación y educación, aceptados por todos, y en el que todos nos entendamos?

"Esta hora es un reto también para la religión. Ella no substituye al derecho ni a la moral que son autónomos en su propio orden" ¿Cómo afronta el reto la religión?

La unidad espiritual cristiana se ha resquebrajado; y el espíritu natural-cristiano no impregna la inteligencia de los europeos, de los españoles. Si ha de surgir un nueva cultura en Europa sólo podrá seguir los caminos iluminados por una Fe en un Dios que participa y vive la historia con el hombre. Una fe en Jesucristo, que será siempre tan increible y tan initeligible para la inteligencia natural de los europeos del siglo XXI, como para la de los atenienses del siglo I, como para la de los americanos del siglo XXX. San Pablo anunció la Fe en la Resurrección, y los pueblos de Europa se convirtieron.

Y la Iglesia está convencida de que ese es el camino: anunciar en toda su integridad el profundo misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo, en la historia de los hombres, y no reducirlo a una simple colección de consejos dados por el "hombre" Jesús, para a entendernos entre nosotros, con un lenguaje que no transmita el "misterio" de las relaciones de Dios con los hombres.

Sólo así, la luz de Dios, rercibida en la Fe, penetrará la inteligencia natural humana, y Fe y Razón unidas, harán posible el renacer de la moral, de la cultura.

Yo estoy convencido, y no soy el único, de que toda la grandeza de la ciencia e inteligencia europea de todos los siglos ha surgido de inteligencias que han creido, o al menos, han recibido el reflejo de la Fe de otros, en Dios Uno y Trino, en la Santísima Trinidad.

Ernesto Juliá Díaz

ernesto.julia@gmail.com

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