Martes 12/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Religión y Psiquiatria, ¿un cambio de perspectiva?

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Hace apenas un mes ha tenido lugar en Ávila, el primer Simposio Internacional sobre Psiquiatría y Experiencia religiosa, impulsado, entre otras instituciones, por la Fundación Juan José López-Ibor. El Confidencial Digital ya recogió en su día la noticia. Pienso que vale la pena volver sobre ella.

Juan José López-Ibor, hijo, responde a una cuestión que le plantea un periodista “Hay quien dice que mejor que ir a un psiquiatra es ir a un confesor”-“Yo le diría que vaya a ver al confesor y que, una vez libre de sus pecados, luego vaya a ver a un psiquiatra para que le libre de sus enfermedades. Los psiquiatras no liberamos de sus pecados a nadie, igual que un confesor no cura a nadie de sus enfermedades”.

Desde hace algún tiempo, algunas corrientes de opinión se inclinan por analizar la vivencia y experiencia religiosa, la pregunta sobre el sentido de la vida y de la totalidad de la existencia humana, con una perspectiva exclusivamente psicológica y biológica.

Frente a esta tendencia, que pretende dar una explicación del ser humano sencillamente materialista; se está desarrollando, y cada vez con más consistencia en el ámbito médico, la perspectiva psicológica clínica postmaterialista. En esta perspectiva, la conciencia humana, los sentimientos, los pensamientos, la relación con Dios –la religión-, el amor, etc. juegan un importante papel rehabilitador de la persona, y se incorporan al proceso terapéutico.

O sea, el ser humano no cabe en una explicación exclusivamente psicológica, biológica; y por consiguiente, para curarse de enfermedades psíquicas, considerar sus vivencias religiosas puede ser un factor importante para recuperar su salud.

Religión y psiquiatría. Los campos no se mezclan, aunque sea el mismo “yo”, quien viva la religión y la enfermedad psíquica, en el núcleo vital más íntimo.

Juan José López-Ibor lo subraya con claridad: “El psiquiatra no debe convertir al pagano; lo que debe hacer es considerar que los aspectos religiosos en los enfermos son importantes y deben estar dentro del científico, por un lado, y del cultural, por el otro”.

Y, a la vez, algunos psiquiatras insisten en recordar al paciente que la religiosidad es una dimensión de la personalidad humana, tal como han demostrado investigaciones psicológicas muy recientes, y que por tanto los psiquiatras están legitimados técnicamente para abordar estos temas en el ámbito terapéutico.

Contemplar a Dios como referente del hombre. Plantear la relación con Dios, en las diversas facetas de la realidad humana. Ver a Dios como Creador, Padre, Amor, Amigo, Mediador. Elevar la perspectiva humana hasta la Vida eterna; sirve a muchos pacientes a sostener el afán de vivir, de encontrar un sentido a su vida, de curar.

Todo esto, lógicamente, respetando la conciencia de cada uno, y siempre y cuando el paciente lo sugiera y dentro de los límites que imponen, tanto la deontología profesional como los principios generales de las buenas prácticas terapéuticas.

La Fe la vive la persona, el “yo” en su totalidad. Es lógico por tanto que la persona encuentre en la Fe una fuerza, un estímulo, para poner en marcha todos los recursos de su psique para vencer, en la medida de lo posible, su enfermedad.

Steiner se pregunta al final de “La nostalgia del Absoluto”, si el hombre europeo tiene todavía hambre de buscar la Verdad. Este redescubrimiento de la religión de la Fe en Dios, en el ámbito de la psiquiatría, invita a pensar que esa hambre de Verdad sigue viva. Juan José López-Ibor lo reafirma al responder al supuesto que le propone el periodista:

“Y si yo le digo a un psiquiatra que creo en Dios”

-“No es una locura. En Dios es lo único que hay que creer. El resto lo tiene que demostrar la ciencia”.

En el discurso que no permitieron leer en la Universidad romana “La Sapienza”, Benedicto XVI decía: “No vengo a imponer la Fe. Vengo a despertar el anhelo por la Verdad”.

Ahora, algunos psiquiatras hacen suyo ese deseo, conscientes de que despertar el anhelo por la Verdad, ayuda también al hombre a enfrentarse con sus enfermedades.

Ernesto Juliá Díazernesto.julia@gmail.com

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