Jueves 23/11/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Reflexiones sobre el liderazgo perdido

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Joseph Roth, el maravilloso escritor austriaco y judío que se convirtió al catolicismo, decía que los seres humanos, y muy especialmente los cristianos, debíamos "amar con los ojos abiertos", pero sin que el amor nos volviera ciegos.

No es un líder quien sabe hacer las cosas bien. Ni siquiera quien las hace. Incluso no lo es quien las hace al tiempo que testimonia su afán y su vocación de servir. El líder verdadero desafía a quienes lo rodean a dar un paso más, con la misma convicción, en la invitación, la confianza y la calidez. A un líder se le reconoce porque suscita liderazgos. Un líder es quien no consiente que sus interlocutores escapen a la llamada del deber, o eludan sus responsabilidades, o ignoren toda la grandeza que encierran dentro de sí mismos.

Liderar equivale a entusiasmar y multiplicar el entusiasmo responsable. Empezando, como diría Robert Spaemann, por hacer de la vida lograda. El líder es un multiplicador de vida y de creación. Alguien que prefiere empezar a terminar.

Los cristianos hemos venido para ser incómodos. Para ser, como decía François Mauriac en su maravillosa elegía funeraria a su querido amigo Emmanuel Mounier "dulcemente intratables". Un líder de inspiración cristiana se reconoce en esa incomodidad, igual que el buen profesor genera dolores de cabeza en sus alumnos. Ese líder ha decidido optar por la autenticidad a partir del sacrificio y del sentido del deber. Un líder cristiano ha sido formado, y formará, para no convivir con el cinismo, es decir, con la pobreza espiritual y la mediocridad.

Nuestra misión, como decía Emmanuel Mounier, es salir "a dominar la Historia en vez de sermonearla". Salir a sumar con inteligencia, pero también con ardor, con genuina pasión. Sin vacilación y sin timidez, no digamos, sin miedo. Ganar la Historia y ganar la Salvación. Y reconocernos para siempre en el Rostro de Jesús. En la mirada de Jesucristo. Entender por qué decía Edith Stein "me mantengo siempre al borde de la nada y debo recibir el Ser en cada instante". 

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