Lunes 11/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Reacciones frente al transhumanismo

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Un artículo de...

Jesús Ortiz
Jesús Ortiz

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Una madre lleva a su hijo de trece años al médico por una pequeña afección y el doctor le pregunta, entre otras cosas, si le gustan más las chicas o los chicos. Todavía la madre y el hijo no han salido de su perplejidad después de mandar a paseo al médico.

Son pocos los médicos tan interesados en meter con calzador la ideología de género (IdG), y lo mismo ocurre con otros profesionales como psicólogos, profesores o artistas. Y son muchas las personas conscientes de la gravedad de la situación que amenaza con arruinar la sociedad en que vivimos y donde disfrutamos de libertad y libertades, entre otras la de expresión.

Una ideología es un conjunto de ideas que se  imponen manipulando los sentimientos al margen de las razones, como vemos en los populismos, los nacionalismos o las sectas. No hay datos científicos que avalen una ideología aunque sí aparato mentiroso o posverdad, como ahora la llaman. Ha ocurrido durante toda la historia por quienes buscan dominar las conciencias: unos pocos elitistas que imponen otras costumbres mediante la revolución cultural; muchas veces sangrienta pero otras de modo silencioso a semejanza de un cáncer que va invadiendo los órganos vitales del cuerpo.

En este caso la IdG ataca al matrimonio y la familia como instituciones humanas necesarias para la libertad y el progreso. Van arruinando los resortes morales para establecer un relativismo que impide distinguir lo benéfico de lo pernicioso, lo constructivo de lo destructivo, y en definitiva lo bueno de lo malo, con el fin de instaurar el transhumanismo o rebelión contra la propia identidad.

Los obispos acaban de pronunciarse con claridad sobre esta peligrosa ideología que «niega la diferencia y la reciprocidad natural del hombre y la mujer», «vacía el fundamento antropológico de la familia», y pretende tener la «hegemonía cultural, social y política  por medio de la represión legal y mediática», como señala Mons. Mazuelos  obispo de Jerez y miembro de la comisión episcopal de Familia y Vida.

«Represión» es la palabra adecuada porque la IdG utiliza todas las armas para silenciar la libertad de oponerse a sus planes. La careta que utilizan estos nuevos inquisidores es el discurso de la igualdad, la libertad y la tolerancia: la defensa de las personas con tendencia homosexuales frente a la discriminación que han padecido por una parte de la sociedad. Pero le dan la vuelta pues los perseguidos ahora son los padres, los colegios y profesores, o los pensadores que advierten de que «el rey está desnudo». Cuentan con poderosos medios para aturdir al común de la sociedad evitando que piense y reaccione frente a sus enemigos. No es alarmismo señalar instancias internacionales como algunas secciones de la ONU, lobbies como el elitista Club Bilderberg o poderes económicos mundiales, que son los instigadores para construir un nuevo orden-desorden social al margen de la condición humana, del sentido de la vida, y de toda trascendencia.

Muchos filósofos, juristas y comunicadores están suficientemente informados de los proyectos de la IdG y esto va llegando a la sociedad mejor informada; pero queda mucho por hacer hasta despertar las conciencias del común de la sociedad que sigue con inocencia suicida a los nuevos flautistas de Hamelin.


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