Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Pensamiento verdaderamente débil

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Un artículo de...

Ernesto Juliá
Ernesto Juliá

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Gianni Vattimo se va haciendo mayor. Y ya cercano a sus ochenta años parece que, el gran defensor y propagandista del “pensamiento débil”, ha llegado a  unos cruces de camino  en los que la “debilidad” del pensamiento  alcanza límites que ya ni siquiera es “pensamiento”.

“El hecho de que el Papa o el sínodo puedan ver positivamente el amor homosexual es escandaloso e importante porque la Iglesia siempre ha tenido como su punto f las afirmaciones de san Pablo en la primera carta a los Corintios,uerte la cuestión de la castidad. Eso no es un problema de moral o de naturaleza, es un problema de poder”.

¿De dónde saca Vattimo ese “ver positivamente el amor homosexual”?

Sin duda, no ha leído, aparte de muchos otros textos,  los nn. 55 y 56 de la Relación final del sínodo, que dicen así:

“Algunas familias viven la experiencia de tener en su interior personas con una orientación homosexual. Nos hemos preguntado cuál sería la atención pastoral más  oportuna en estas situaciones, teniendo en cuenta lo que enseña la Iglesia: «No existe fundamento alguno para asimilar o establecer cualquier analogía, ni siquiera remota, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia”. A la vez, los hombres y las mujeres con esas tendencias deben ser acogidos con respeto y delicadeza.”

“Es del todo inaceptable que los Pastores de la Iglesia sufran presiones en esta materia, y que los  internacionales condicionen las ayudas a los países pobres a que introduzcan leyes que  instituyan los “matrimonios” entre personas del mismo sexo”.

La “debilidad” de pensamiento no parece obstáculo para que emita un juicio semejante en el que manifiesta, no sólo su desconocimiento casi absoluto de lo que es la Iglesia Católica, sino también una cierta incapacidad de pensar, en el sentido más absoluto del término.

¿Cómo puede ni siquiera sugerir que la moral “es una cuestión de poder”, y que el “punto fuerte de la Iglesia es la castidad”? ¿Ha llegado acaso a reducir Vattimo al hombre a un animal “sexual”?

A esta frase, ha añadido otra, en su reciente estancia en Argentina, tan altisonante y declamatoria, como falsa:

“Históricamente, el tabú sexual, de la familia y la fidelidad, funcionó para la Iglesia como un soporte civil. Jesús obviamente nunca se ocupó del matrimonio, ni gay ni hétero”.

Es dudoso que Vattimo no haya leído el Evangelio; no lo es tanto que lo haya interpretado a su manera. Lo que se hace difícil de comprender es que lo haya leído una línea sí y otra no, y que luego lo que haya leído lo haya mezclado de tal manera con la “debilidad” de su pensamiento, que le lleve a olvidarse de las bodas de Caná, de “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”; de la recomendación a la adúltera: “No vuelvas a pecar”.

No es dudoso, pero no es extraño que Vattimo pretenda también que la Iglesia, que el Papa, estén de acuerdo con él a propósito de su “pensamiento” sobre la verdad:

“ La verdad es una construcción, depende del punto de vista y del interés, es el resultado de negociaciones entre grupos, individuos y sociedades mientras que la realidad es lo que permanece antes que se hable de ella"."Sobre todo la verdad necesita acuerdos, es una construcción social y es importante saber esto porque siempre se pretende que está ahí, que es evidente".

Esta “verdad” de un “pensamiento verdaderamente débil”, ¿a quién sirve?, ¿para qué sirve?, ¿a quién orienta?. Es algo ciertamente inútil, y ¿para que le vale al hombre empeñarse en construcciones inútiles?.

La Iglesia es depositaria, y está vivificada por la Verdad, por Cristo, que es “Camino, Verdad y Vida”; por Cristo que recordó a los hombres “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”; y que movió el corazón y la pluma de san Pablo para decir palabras bien claras sobre el pecado de las prácticas homosexuales, en su primera carta a  los fieles de Corintio.

El único “poder” que ambiciona la Iglesia -que nunca ha de ser confundida ni identificada, con unos cuantos eclesiásticos, sean quienes sean- es el de servir al mundo anunciando la Verdad; anunciando a Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Y lo hace con amor y comprensión a todas, y a cada una, de las personas con las que encuentra en su caminar por la tierra.

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