Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El Papa best seller

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Hay en la imperial Valladolid un trozo de cielo que se pierde por la calles, junto al corazón de Cristo, santuario de promesas, templo de la doctrina clásica, jesuítica, ciceroniana, sabor de la Castilla eterna, que no pasa. Iconografía de esencia de cristianismo, de viejos cristianos frente a la modernidad instalada. Me sabían los pasillos del Centro de Espiritualidad a Jiménez Lozano y a sus cuadernos de Rembrandt, en los que leí aquella anotación a modo de confessio fidei: “Me hablan de una parroquia muy moderna, en la que esta cuaresma se han celebrado unos cursos sobre la autoestima. Un gran tema éste, el del “odioso yo” que decía Pascal, y del que tanto la Gramática Razonada de Port Royal, como su Lógica, afirman que “ni la cristiandad ni la civilidad” permiten nombrar. Pero ahora su explicación es un ejercicio cuaresmal, ni más ni menos”.

Hay en la imperial Valladolid testimonios y testamentos de realeza, de señorío, de hidalguía y de gracia. El tiempo junto al calor del Evangelio no es tiempo, no pasa. Me encontré con la edición crítica del Evangelio del Padre Manuel Iglesia, jesuita, y con su verbo estilizado a modo de boceto del Greco, Vintilia Horia, un sepulcro en el cielo, Toledo, de vuelta al imperio. Principio y fundamento, un Papa best seller, Jesús de Nazaret, segunda parte que sí es buena, que es muy buena. Las librerías están llenas de Jesús crucificados por el pensamiento de nuestro tiempo, saetas metodológicas, oportunistas teológicos de la New Age y bestiarios postmodernos. Joseph Ratzinger, éxito mundial. Toco, con menos fe que santo Tomás, el costado de su último libro y siento lo que ocurrió un día.

En la apostólica Valladolid me encontré con un apóstol; ¿qué pasaría si un día nos encontráramos con Juan, el evangelista, por las calles de la urbe escondida? Llamaría corriendo al padre Manuel Iglesias para que me tradujera el saludo y la conversación. Le preguntaríamos; nos describiría cómo suenan los latidos del corazón del Maestro. Benedicto XVI nos habla también del Maestro, como si le hubiera tocado, como si hubiera escuchado su voz. Su libro no es para leer, es para masticar entre los renglones torcidos del alma. Jesús de Nazaret es conocimiento contemporáneo, puro y duro. Sí, un hombre europeo, en la era de la tecnología de las revoluciones y de las trincheras de las redes sociales, puede creer en Jesucristo y conocer a Jesucristo. Nos acostumbró el espíritu del tiempo a pensar que no se podía conocer porque el creer ya no es forma de conocimiento. El creer, para el funcionario persa, es el anticonocimiento. Por eso hizo todo lo posible para que nos expulsaran del paraíso. Sin embargo, Joseph Ratzinger nos demuestra que podemos conocer al Jesús en la historia, al Jesús real, al Jesús de la vida en la vida. Jesús, Dios y hombre, conocido y reconocido al partir el Pan. Cuaresma, principio y fundamento. Cada párrafo del libro del Papa nos lleva de la mano hacia la gramática del significado.

El Papa nos ha devuelto lo que, de Jesús, el Cristo, nos habían robado con la desamortización de la verdad de no pocas teorías y teologías fascinadas por sí mismas. El Padre Ladaria, otro jesuita, permanente evocación ignaciana, las dos banderas, escribió no hace mucho, en el prólogo al libro de José Granados García, “Teología de los misterios de la vida de Jesús”, que “la teología contemporánea ha visto renacer la perspectiva de los misterios de la vida de Cristo”.

Buenas y santas lecturas cuaresmales; buena teología.

José Francisco Serrano Oceja

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