Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

Oportuna carta pastoral del arzobispo castrense

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

Más artículos de Jose Francisco Serrano »

El arzobispo castrense de España, monseñor Juan del Río Martín, tiene un especial oído para las tendencias profundas de la historia, y en la historia. Estos días pasados acaba de hacer pública una Carta Pastoral titulada “La Religiones y la violencia”, con motivo, y como glosa, de la Jornada Mundial de la Paz, que en la Iglesia castrense se celebra el domingo siguiente la 6 de enero. El folleto se puede descargar sin problema de la página web del arzobispado castrense.

Cuatro son los capítulos de este texto de 54 páginas, con los siguientes títulos: No silenciar a Dios, ni utilizar su Nombre en vano ...;  “La obra de la justicia será la paz” (Is 32, 17); En el Centenario de la Primera Guerra Mundial y uno último a modo de conclusión.

Monseñor Juna del Río Martín señala, en el contexto de una reflexión sobre lo que ha ocurrido en Europa durante los últimos años, y que también puede ser leída a la luz de los recientes acontecimientos ocurridos en Francia, que “no se pueden construir puentes entre los hombres olvidándose de Dios. Eso es lo que sucedió en Europa por la imposición de ideologías totalitarias y de nacionalismos exacerbados”.            

La Carta Pastoral, cargada de citas de autores contemporáneos que reflexionan sobre la situación presente, ofrece glosas interesantes sobre el magisterio social pontifico, traducidas a la realidad cercana. Por ejemplo la que se refiere a que “con la llegada del siglo XXI, “los muros de la vergüenza” continúan como amenazas contra la paz y como focos de nuevas esclavitudes en diversos lugares del mundo. Existen cientos de ejemplos de vallas, tapias y toda clase de construcciones erigidas para separar países, o simplemente seres humanos. Hasta el mismo Mediterráneo se ha convertido en una “fosa” donde hay miles de “inmigrantes muertos en el mar, por esas barcas que, en lugar de haber sido una vía de esperanza han sido una vía de muerte””.

Respecto a la amenaza del yihadismo, el arzobispo castrense de España es muy claro. “En nuestros días -señala-,  nos encontramos ante una grave amenaza para las sociedades libres y la estabilidad mundial. El ejemplo más claro de la manipulación de lo sagrado, en función de un poder político-militar, lo tenemos en la creación del califato de la Yihad, donde el concepto de guerra santa contra el infiel no deja duda. Sus acciones terroristas no van dirigidas sólo a un choque de ejércitos sobre territorios en disputa, aun cuando ese aspecto pueda darse a escala regional, sino que es una proliferación incesante de brotes insurreccionales yihadistas que se suceden en distintos lugares del planeta”.

Ante el “hecho innegable que la Iglesia católica en el mundo se enfrenta con dos fuertes fundamentalismos: el islámico y el laicista”, monseñor Juan del Río afirma que “para el islamismo radical, la libertad religiosa no existe, porque su pretensión es islamizar todo el planeta poniendo en marcha una resistencia global –“yihadismo global”– que acabe desestabilizando y derrumbando a todos aquellos que se opongan a la ley islámica, que es la que ha de regir a los pueblos y a las personas”.

Y recuerda que “el papa Bergoglio afirma en su primera Exhortación Apostólica: “Ruego, imploro humildemente a esos países que den libertad a los cristianos para poder celebrar su culto y vivir su fe, teniendo en cuenta la libertad que los creyentes del Islam gozan en los países occidentales. Frente a episodios de fundamentalismo violento que nos inquietan […] el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia””.


·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·