Lunes 18/12/2017. Actualizado 01:34h

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Tribunas

Olivos y aceite en la tradición judeocristiana

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Un artículo de...

Daniel Tirapu
Daniel Tirapu

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Ya me perdonarán la brevedad de esta comunicación; pero pretende ser el inicio y desarrollo de una idea a la que llevo dando vueltas mucho tiempo. Los olivos y el aceite, son símbolo de paz, de cultura de entendimiento, de alianza de Dios con los hombres, presentes en cuatro sacramentos de la Iglesia católica y en numerosas liturgias como la consagración de altares, etc.

Por tanto presento estas ideas, con proyecto de dedicación a este tema por extenso.

Antiguo testamento.

 El primer conocimiento que tuvo Noé de que las aguas que habían anegado el mundo, estaban bajando, fue el vuelo de una paloma con una rama de olivo en su pico. El olivo es signo de paz, de misericordia de Dios, de llamada al pacto ecológico, de tranquilidad.

Los reyes judíos eran consagrados con aceite derramado sobre sus cabezas. Eran ungidos con aceite. El aceite es signo de  realeza, de autoridad, de predilección de Dios por sus ungidos. El aceite alimenta, perfuma, cura, sana las heridas, protege y cubre las heridas del hombre. Con un poco de aceite y un poco de harina la viuda de sarepta vivió tres años antes de que llegaran las lluvias.

El aceite es necesario para la luz, que ilumina, símbolo de alerta para quienes esperan al esposo. Sin aceite hay oscuridad, ceguera.

Nuevo Testamento.

El buen samaritano curó con aceite las heridas de aquel pobre hombre herido y magullado. El aceite es necesario y se ha de prever para esperar al esposo. Una mujer pecadora y santa rompió su perfume, ungüento con aceite a los pies de Jesús. Las santas mujeres iban al sepulcro del Resucitado con aceites y perfumados para embalsamar a Jesús. El aceite conserva, previene de la muerte del cuerpo y del espíritu.

Jesús hizo su oración más sublime, en la espera de la pasión y muerte en un huerto de olivos. El olivo es signo de oración, de espera, de consuelo; esos olivos fueron testigos de la oración y de las conversaciones de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Ramas de olivo alfombraron la entrada gloriosa de Jesús en Jerusalén. Fiesta que recordamos en el Domingo de ramos o de olivos.

Iglesia católica.

Cuatro sacramentos usan el aceite u óleo como materia. En el bautismo antes del agua, somos ungidos como profetas, reyes y sacerdotes. En la confirmación somos soldados  maduros con la imposición del crisma, aceite en la frente. Los sacerdotes católicos reciben como unción en las manos el día de su ordenación; símbolo de sacerdocio y de purificación. Ante el peligro de muerte, la unción de los enfermos purifica y borra nuestros pecados ante el encuentro de la otra vida. El jueves santo los Obispos de la Iglesia católica en todo el mundo consagran ese aceite para los diferentes crismas con oraciones muy bellas, que manifiestan la bondad y fortaleza del aceite en la vida humana y cristiana.

Los altares  son consagrados con aceite, porque representan a Cristo.

Conclusión.

El olivo y el aceite no son sólo un elemento comercial y nutritivo. Su carácter simbólico va mucho más allá de su materialidad. El aceite es paz, medicina, perfume, entendimiento, unción, autoridad. Jaén y las provincias del aceite deben ser capitales del mundo de la paz, del entendimiento, de la calma, de lo sagrado también. Qué buena ocasión de celebrar encuentros religiosos interconfesionales, de paz, etc.

Podemos decir que nuestra cultura es la del pan, la del vino y la del olivo y el aceite. Encuentro de las grandes religiones, solución de los conflictos de oriente medio.

Con agradecimiento de un vasco a Jaén, de corazón, Daniel Tirapu.

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