Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Nombramientos episcopales

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Ha comenzado el nuevo curso en la Iglesia y las agendas andan un poco mareadas, por no decir despistadas. Los meses se han vuelto huéspedes de sí mimos, octubre y noviembre se adelantan a septiembre, y febrero ya no es febrero, es abril. Lo que parece que no va a cambiar de fecha es la macro beatificación de los mártires de la persecución religiosa del siglo XX. Dejemos ahí también la cuestión de las fechas, porque ya no se sabe si ocurrió en la Segunda República o en la Guerra Civil.

En principio la Asamblea Plenaria del mes de noviembre marca el inicio de la configuración del cambio de tareas en el interno de la Conferencia de obispos con la elección del Secretario General. Pero hay quienes anuncian ya, lo hace nuestro colega director de Vida Nueva, Juan Rubio, que para esas fechas, incluso antes, en octubre, es posible, probable, más o menos posible, más o menos probable, que se conozca, al menos, el nombre del sustituto del cardenal Rouco en Madrid, y, de paso, el del cardenal Sistach en Barcelona. Es la segunda oleada de rumores, después de aquella primera espuma de mediados del mes de julio en la que ya saltaron las alarmas. Y nada más.

No es baladí el tiempo que estamos viviendo, por no hablar del sentido teológico del kairós. Todo está relacionado y nada está relacionado, si no se quiere relacionar. Lo que va a ocurrir en España, durante este curso, afecta a la comprensión de la forma de la presencia de la Iglesia. Los nombres no son solo los hombres. Son las formas de articular desde la viabilidad social de la fe hasta los acentos de la experiencia cristiana. Incluso el poder político está empeñado en esta cuestión, susurrando adelantamientos, en este caso, y como no podía ser menos, por la derecha.

Nada sin historia ni solo con la historia. Roma debe hablar. Bueno, el Papa debe hablar y decidir, como es natural. El Papa Francisco siempre sorprende, quedémonos con sus mensajes, sus discursos sobre qué es un obispo, cuál es su misión, cómo debe ser su vida, el ejercicio de su ministerio... en fin, un paseo por España, de norte a sur, daría mucho que hablar.

Otra cuestión es el conocimiento y el reconociendo, tanto de lo que necesita la Iglesia en Madrid, en Barcelona y en España. Hay un debate, entre los entomólogos de la causa y la cosa, sobre si para la provisión de las sedes de Madrid y de Barcelona se van a seguir, o no, los procedimientos ordinarios, es decir, el itinerario en todas sus etapas o en algunas de ellas.

¿Sería descartado que el Papa, que vive alejado de cualquier precipitación, quisiera, antes de decidir, hacer un movimiento que le permitiera conocer más a fondo lo que está pasando en España ante la complejidad de las informaciones, contrarias, contradictorias, que circulan por entre los muros vaticanos? ¿Y si el Papa decidiera verse con todos los obispos españoles antes de tomar las decisiones oportunas? ¿Iría llamando uno a uno, a los arzobispos primero, por Provincias eclesiásticas, a los obispos después, en visita ad limina apostolorum? Objeciones: muchas, la agenda del Papa... Pero la fe en España, de los españoles, bien se merece esa llamada.

Veremos.

José Francisco Serrano Oceja

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