Domingo 19/11/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Necrológica obligada por un lector

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A un gran número de lectores de esta columna el nombre de Joaquín González Echegaray no les dirá gran cosa. Es posible que quienes hayan estudiado teología, -que no son pocos-, recuerden algunas recientes novedades bibliográficas en el ámbito de la arqueología bíblica, de la historia de Israel, o de aspectos históricos y geográficos del Nuevo Testamento, que llevan su nombre. Quienes se hayan dedicado, o tengan afición, a la arqueología, no habrán dudado en reconocer que, incluso, hay una técnica de excavación que coincide con el nombre antes aludido.

Don Joaquín González de Echegaray, sacerdote de la diócesis de Santander, que fuera Presidente del Cabildo de la Catedral, eminente historiador y publicista, doctor honoris causa por la Universidad de Cantabria, hijo adoptivo de Santander y de Cantabria, un ejemplo de sacerdote y de científico, ha fallecido esta pasada semana.

Con don Joaquín se nos ha ido una persona que ha ofrecido un singular testimonio de fe en el ámbito de la cultura. Un hombre, y un nombre, que sintetiza una generación que ha prestado un singular servicio a la cultura y a la sociedad de su tiempo. Don Joaquín, que ocupó destacadas responsabilidades en la Asociación Bíblica Española y en las instituciones bíblicas españolas en Jerusalén, supo aunar, con singular rigor y seriedad, su testimonio de fe y de ejemplaridad de vida con el cultivo de las ciencias humanas y con un saber enciclopédico. Sus misas en la parroquia de la Anunciación eran referencia obligada para quienes no se acostumbran a predicaciones repetitivas o planas en la conjunción de espíritu y argumentos.

No cabe duda de que la diócesis de Santander está de luto. Su obispo, monseñor Jiménez Zamora, ha recordado que González Echegaray ha sido un "modelo de armonización entre la fe y la ciencia" que son dos "rayos de luz" que provienen "del mismo Dios", el cual es fuente "de toda sabiduría y de toda santidad. Generaciones de cristianos, y de hombres y mujeres de buena voluntad, encontraron en el magisterio de don Joaquín una fuente inagotable de conocimientos, de cercanía y de apoyo.

Este sacerdote sintetizaba a una generación, ya no común, de clérigos, formados en el método autodidacta, entregados al mundo del pensamiento, que eran referencia indiscutible para sus coetáneos. Por desgracia, en los últimos tiempos, la Iglesia en Santander padece un complejo y dramático proceso de pérdida de referentes y de desmotivación, agudizada por casos recientes y dramáticos de pérdida del valor del sacerdocio. Pinceladas de una radiografía de desaliento que el Señor de la Historia, y la pasión de la radicalidad del Papa Francisco, contribuirán a regenerar en la medida en que el viento del Espíritu Santo, y la Pascua que pronto celebraremos, regeneren un tejido agostado de ilusión y de motivación apostólica.

Don Joaquín González Echegaray, quien fuera uno de los mayores expertos españoles en la obra de Theilard de Chardin, deseó en vida encontrarse cara a cara con el Cristo cósmico, Alfa y Omega. Quien fuera lector de nuestra página, y de estas columnas de pálpito eclesial, descanse en la paz de Dios, creador del universo.

José Francisco Serrano Oceja

jfsoc@ono.com

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