Sábado 18/11/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Navarro Valls y el terciopelo negro

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Se nos ha ido don Joaquín Navarro-Valls, un aristócrata de la comunicación y, también, de la vida cristiana. Hace tiempo escribí que se movía por el escenario de la historia con una capacidad persuasión tal que el atractivo de su palabra, cautivaban a la primera.

Aún recuerdo cuando participó en la clausura del Congreso Católicos y Vida Pública y nos dejó una espléndida lección de buen humor de la fe.

En uno de los momentos finales de su conferencia, al hablar de su experiencia con los santos, es decir, con Juan Pablo II, con san Josemaría Escrivá y con la Madre Teresa de Calcuta, explicó que lo que les caracterizaba, lo que tenían en común, es el buen humor de Cristo.

No fue aquella conferencia de don Joaquín una homilía laica, ni mucho menos. Fue un texto de razón, y de corazón, sobre la esperada santidad en mundo en crisis, o de la crisis de nuestro mundo como crisis de santos.

Pero lo que aprendí de don Joaquín, -y aunque ya lo he escrito no me importa repetirlo- en las horas que puede convivir con él, fue la teoría del paño negro, del terciopelo negro.

Contó que un día, un buen amigo, tuvo que hacer un regalo de peso a un familiar. Pensó que lo que más le atraería es un pequeño diamante. Anduvo buscando una modesta joyería. Al entrar, descubrió que, en uno de los mostradores, había una diminuta y preciosa piedra. Se lo hizo saber al joyero que, inmediatamente, se inclinó bajo el mostrador en busca de un paño negro de terciopelo, que parecía recién salido de fábrica. Lo extendió sobre la mesa; alisó su superficie, apuntaló con fuerza las esquinas, y sólo entonces abrió, con la llave de seguridad, la vitrina y extrajo, con sumo cuidado y delicadeza, el minúsculo diamante. Al depositarlo sobre el terciopelo negro, el mineral comenzó a brillar con una intensidad que deslumbraba. La belleza se mostraba en todo su esplendor. 

Con don Joaquín entonces hablamos de la comunicación como el terciopelo negro de la verdad, de la bondad, de la belleza.

Fue una conversación, al fin y alcabo, sobre la teoría, la teología, del terciopelo negro, en un momento, en el que, como nos demostró en su conferencia, la aristocracia es siempre posibilidad, inteligencia y firmeza, naturaleza y gracia. 


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