Jueves 22/02/2018. Actualizado 01:00h

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Naamán, el sirio

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Un artículo de...

Daniel Tirapu
Daniel Tirapu

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Leyendo el libro del Papa Benedicto sobre Jesús me doy cuenta que por cristiano soy judío. Antiguo y nuevo testamento están hilvanados de modo prodigioso. Soy cristiano, por la gracia de Dios, que no es una religión de un pueblo, de una etnia, de una raza, pero que asume al Pueblo de Dios judío.

La lectura de Naamán el sirio, un ministro importante, aquejado de lepra que acude a Eliseo, profeta de Israel, para que en nombre de su Dios le cure, es sorprendente,  muy didáctica.

Eliseo le dice que se bañe siete veces en el Jordán. Naamán duda, que tendrá este río que no tenga otro, ¿siete veces? En nuestra vida pasa igual, esos siete baños son los sacramentos. Por qué confesar, si ya he aprendido de mis errores, si lo he pasado incluso mal, eso es todo lo que me ofreces, ¿un río vulgar? El sentido común de los acompañantes de Naamán cuenta: si te hubiese pedido algo difícil, lo harías; no pierdes nada con bañarte.

Pero Naamán obedece, se fía y su piel volvió a ser la de un niño. No esperemos fórmulas magistrales, cosas raras o difíciles, creer y obedecer, no es fácil por el maldito YO que todo lo quiere entender, probar, comprobar. Acude a un sacerdote santo y alegre y abre tu corazón.


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