Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Mutuas relaciones

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Estuvo esta pasada semana en la Universidad Eclesiástica San Dámaso el cardenal Joâo Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación para la Vida Consagrada. Si hubiera estado en otro lugar, y no voy a poner ejemplos para no herir susceptibilidades, hubiera sido noticia digna de titulares cibernéticos y ciberéticos.

Pero no ha sido así. Y no es problema de relación con las fuentes de información, dado que en varias páginas web oficiales, estación de obligado tránsito para los periodistas, se encuentra, si se busca o se quiere buscar. Parece que una noticia es más noticia no por la persona referida, no por lo que diga, no por el hecho en sí y su relevancia, sino por el lugar en el que se produzca. Una nueva teoría para el estudio de la información religiosa.

Estuvo hablando sobre la relación entre obispos y religiosos con motivo de la fiesta de la Facultad de Derecho Canónico, en un salón de actos abarrotado de profesores y estudiantes, acompañado del cardenal Rouco; del Rector, Javier Prades; del decano de Cánones, Roberto Serres, y, nada más y nada menos que del Presidente de la CONFER, Elías Royón; del Padre Anselmo, Abad del monasterio benedictino de la Santa Cruz del Valle de los Caídos; y de monseñor Jesús Sanz, Arzobispo de Oviedo, que de esta materia sabe, y mucho. También estuvo Joaquín Martín Abad, vicario episcopal para la Vida Consagrada de Madrid.

Resulta además que el cardenal Braz de Aviz nos acababa de dar una lección de humildad. En una entrevista reciente se le había preguntado por la vida religiosa y había contestado con un ejemplo, la disminución de religiosos en Francia en los últimos diez años que, según dijo inicialmente, había pasado de 36.000 a 6.000, según un informe de la Conferencia Episcopal Francesa. Pues no era verdad, según ha rectificado posteriormente de manera ejemplar. Las cifras de religiosos de los años 2000 al 2010 habían pasado de 48.412 a 28.678 miembros en Francia.

En San Dámaso, el cardenal Braz de Aviz no habló de números sino de derecho y vida en las relaciones entre obispos y religiosos. Y dijo que "han de ser relaciones y colaboraciones basadas en el respeto recíproco, en comunión, fundamentada en la estructuración de la Iglesia". Afirmó que "la vida consagrada es un precioso don de la Iglesia" y agregó que "el primer don del obispo es conocer, promover y sostener estas formas de vida". Apuntó que "hay muchos desafíos para la vida consagrada y la Iglesia en el futuro inmediato, por tanto, se debe profundizar en las mutuas relaciones entre obispos y religiosos en situaciones como la disminución de las vocaciones".

José Francisco Serrano Oceja

jfsoc@ono.com

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