Jueves 23/11/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Mensaje del cardenal Parolin

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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El cardenal Secretario de Estado del Vaticano ha citado en un reciente encuentro de la Unión de Periodistas católicos de Italia, celebrado en Matera, al beato Lolo, Manuel Lozano Garrido, patrono “in partibus infidelibus” de quienes nos dedicamos a alimentar la conversación social y eclesial. Una conversación que debe edificar, no destruir o potenciar el ruido, es decir, el chismorreo. Ya se sabe, el mundo clerical, donde lo imposible es real.

El secretario de Estado del Vaticano ha citado el decálogo del periodista de Lolo, “extremadamente útil y actual”. No está mal que nos recuerde aquellas verdades evangélicas, por no decir verdades del barquero de la rotativa. Quizá por el hecho de que la rapidez pueda impedir la perspectiva. Pero, ¿y si el cardenal Parolin estuviera enviando un mensaje a los periodistas de España, a los medios  católicos españoles, extra o intra web?

¿Qué dijo el cardenal secretario del Estado de la Ciudad del Vaticano cuando habló del periodismo en tiempos de Francisco? Pues que las palabras no son neutras. Es decir, que las cargan los ángeles y los demonios. Que para el cuidado de la democracia, una información adecuada siempre es un bien; lo mismo que para la Iglesia, una información en clave de comunión y no de conflicto siempre es un bien. Las opiniones desunen; los actos, los hechos, los sacramentos, unen.

Muy buena, por cierto, la definición-descripción del cardenal Parolin sobre los periodistas. Afirmó que no son demiurgos, sino mediadores. Se podría decir que por estos predios, -como por otros muchos- hay visionarios, iluminados, portavoces de sí mismos, mutantes, estómagos agradecidos y desagradecidos, gurús del ego…  Y los hay, compañeros todos, ejemplares, coherentes, profetas, aventurados, generosos, desinteresados, eruditos… Para un periodista católico la fe no se opone a la investigación, a la verdad. Por tanto, no debemos caer en las trampas que nos ponemos a nosotros mismos. Al suelo, que vienen los nuestros, que decía aquel demócrata cristiano.

Y, por último, el cardenal Parolin habló de Lolo, de su máquina de escribir, que era como la máquina de la verdad de la historia, de lo humano, del espíritu, y de aquel decálogo del periodista que Lolo escribió y que, aunque a algunos les pueda parecer sensiblero, encierra grandes dosis de sabiduría. Lolo trabajaba “el pan de la información limpia con la sal de un estilo y la levadura de eternidad”. Sabiduría de la de siempre. Un decálogo para tiempo de Brand Journalism, perdón, periodismo de marca, de nuevas narrativas y de periodismo de ayer, de hoy y de siempre.

Gracias señor cardenal. 

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