Jueves 22/02/2018. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Mejor preparación para el matrimonio

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Un artículo de...

Jesús Ortiz
Jesús Ortiz

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Como cada año el Papa Francisco se ha dirigido a los miembros del Tribunal de la Rota Romana y ha destacado la urgente y preciosa tarea de recuperar, salvaguardar y custodiar la conciencia cristiana iluminada por los valores evangélicos. Un discurso muy pensado para orientar el trabajo de esos expertos en el contexto actual de una desestructuración del matrimonio.

No se trata de una tarea simplemente jurídica y menos burocrática, aunque algunos fieles así lo consideran para aspirar a una nueva vida con el aval de la Iglesia, y el reconocimiento de los amigos. De ahí que recuerde a esos miembros del Tribunal que es una tarea pastoral en bien de las almas -algo que bien saben- por lo que deben invocar incesantemente la asistencia divina para realizar con humildad la tara confiada por la Iglesia. Es tanto como decir que tienen que ser hombres y mujeres de oración con vida interior y perspectiva sobrenatural.

El núcleo de la cuestión está en la estrecha relación entre la certeza moral que el juez debe alcanzar acerca de los hechos probados, y el ámbito de la conciencia moral de quienes acuden al Tribunal romano o diocesano.

La Iglesia reconoce con el Vaticano II que la conciencia es el núcleo íntimo donde cada uno se encuentra a solas con Dios, y llega a compararla con el Sagrario limpio y visible en los templos donde se custodia la Eucaristía para iluminar la fe y potenciar el camino personal de la santidad: la perfección de la vida cristiana como llamada para todos, casados y célibes, jóvenes y mayores, fieles y sacerdotes, porque consiste en la plenitud de la caridad. Implica por tanto buscar amar a Dios sobre todas las cosas, y también la lealtad a los compromisos bautismales con una vida de servicio en las tareas familiares, profesionales y sociales. Todos valoramos mucho la propia conciencia y defendemos el derecho de actuar de acuerdo con las propias convicciones; sin embargo, dejamos de investigar si esa conciencia personal es espejo limpio que refleja los mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia. Porque a experiencia enseña que algunos actos nuestros no responden a la voz de Dios pues se trata de verdaderos pecados que reconocemos con dificultad. Y si no, que se digan al rey David.

Francisco habla de la conciencia cristiana iluminada por los valores evangélicos, no la conciencia de quien hace lo que le viene en gana, y por ello cada uno debe preguntarse habitualmente si procura encarnarlos en una fe que se muestra en las obras rectas, conformes a la voluntad de Dios. Por ello, a la vez que subraya el respeto debido a la conciencia de los fieles también habla de la necesaria relación entre la fidelidad al Magisterio intocable sobre el matrimonio, así como sobre la Eucaristía recibida en gracia de Dios.

Y ha explicado que la intención de los esposos para la unión conyugal debe estar orientada a lo que quiere Jesucristo y enseña la Iglesia. Este año se cumplen cincuenta de la encíclica Humane Vitae del beato Pablo VI. Por ello ha recomendado la institución de un catecumenado matrimonial entendido como un itinerario indispensable para que las parejas puedan construir sobre la gracia y la fuerza de los sacramentos. Como es sabido, la mayor parte de las causas incoadas para una posible declaración de nulidad se refieren a la falta de madurez humana y cristiana para asumir los compromisos del sacramento del matrimonio. Estamos por tanto en un proceso de maduración de cada uno en la pareja mediante cursos para el conocimiento personal y de preparación para este importante sacramento, que difícilmente se puede despachar en dos tardes. Afirma el Papa que ellos necesitan una continua experiencia de fe, esperanza y caridad para que los jóvenes decidan en conciencia segura y serena, que la unión conyugal abierta a los hijos es un gozo para Dios, para la Iglesia y para la sociedad.



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