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Tribunas

Martin Buber y el diálogo entre cristianos y judíos

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Un artículo de...

Montse Leyra Curia
Montse Leyra Curia

Profesora de hebreo en la Universidad San Dámaso

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Con ocasión de los cincuenta años de la muerte de Martín Buber, Dominique Bourel ha publicado recientemente su biografía Martin Buber. Sentinelle de l'humanité (Albin Michel, 2015), documentada en archivos de bibliotecas de distintas ciudades como Londres, Viena, Jerusalén o Berlín.

Buber, que nace en Viena en 1878, y muere en Jerusalén en 1965, pasa su juventud en Lemberg (hoy, Lviv, Ucrania), junto a  su abuelo Salomon Buber, gran conocedor de la literatura midráshica. Ya en Lemberg se compenetra con místicos restauradores del hasidismo, que fundó Baal Shem Tov en el siglo XVIII en círculos judíos de Polonia. Buber vió en el hasidismo una fuente de renovación cultural para el judaísmo y admiraba cómo las comunidades hasídicas actualizaban su religión en la vida y cultura diarias. El ideal hasídico, según Buber, acentuaba la vida interpersonal y las actividades corrientes, vividas en la presencia de Dios. Algunas de las obras de Buber sobre el hasidismo son las historias de Rabbi Nachman de Breslav y las leyendas de Baal Shem Tov.

De 1896 a 1900, Buber estudia filosofía e historia del arte en las universidades de Viena, Berlín, Leipzig y Zurich. En 1922, junto con Franz Rosenzweig, fundó en Francfurt un instituto judío para la educación de adultos, que creció en importancia cuando el gobierno alemán prohibió a los judíos la educación pública. De 1926 a 1929, fundó y editó, junto con un católico y un protestante, la revista Die Kreatur. Más tarde, en 1950, publica “Dos modos de fe”, donde Buber trata de las relaciones entre el judaísmo y el cristianismo, así como de su preocupación por superar incomprensiones tradicionales en estas relaciones. Desde 1923, Buber enseña en la Universidad de Francfurt, pero la abandona tras la subida de Hitler al poder en 1933. Perseguido por los nazis, Buber abandona Alemania en 1938, se establece en Jerusalén, e imparte clases de antropología y sociología en la universidad hebrea hasta 1951. Buber y su mujer Paula Winkler tuvieron un hijo, Rafael Buber, y una hija, Eva Strauss-Steinitz.

Desde 1898, participa en congresos y organización del movimiento sionista. Sin embargo, a diferencia del sionismo político de Teodoro Herzl, que buscaba la creación de un estado-nación, Buber fue partidario del sionismo cultural, que ayudase a la formación y espiritualidad de una sociedad ejemplar. Defendió la creación de un estado binacional en Palestina y promovió el diálogo con los árabes. Buber desarrolló una filosofía de la educación basada en la integración de toda la persona, a través de la educación del carácter, y dirigió centros de educación judía en Alemania y centros de formación de profesores en Israel. Entre sus escritos sobre filosofía social está El problema del hombre (México 1949).

Influído por filósofos cristianos como S. Kierkegaard y por la mística judía, Buber contribuyó al desarrollo de la filosofía del diálogo, que se  basa en la premisa de la existencia como encuentro: el ser humano no puede acceder a la vida auténtica sino por la relación con el otro. Esta filosofía se refleja ya en su libro Ich und Du (Yo y tú), publicada en 1923, y se desarrolla en otras obras posteriores como Vida dialogal (1947). Es central en la filosofía del diálogo el carácter relacional del yo, que Buber radicaliza. El yo es consciente de no ser por sí mismo, y así se desvela su relación con el Ser absoluto, que configura al yo como yo en oposición (de relación) a un originario (Dios). Para Buber, el hombre sí puede hablar con Dios pero no hablar de Dios, aspecto en el que se diferencia del pensamiento católico, que defiende que sí se puede hablar de Dios por analogía. 

Buber analiza la diferencia entre la relación yo-tú (sujeto-sujeto) y la relación yo-ello (sujeto-objeto) para explicar las formas de interrelación entre dos seres. En la relación yo-tú, se produce un encuentro auténtico y real y se percibe un soplo del de Dios. Sin embargo, en la relación yo-ello, el individuo trata al otro ser como objeto y el encuentro entre los dos seres no se produce realmente. Para Buber, la deshumanización de la modernidad era causada en parte por una visión materialista de la existencia en que eran mucho más frecuentes las relaciones yo-ello – incluso entre seres humanos. Ésto devaluaba no sólo a los seres existentes sino el significado de toda existencia.

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