Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Ladran, luego caminamos

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Un artículo de...

Ernesto Juliá
Ernesto Juliá

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La frase  está en la cabeza de muchas personas, aunque no se encuentre textualmente en el Quijote, como algunos piensan. Es lo mismo. Lo que quiere expresar es claro.  Si ningún extraño pasa delante de su guarida, los perros no ladran. Si ladran, algún desconocido está atravesando  el terreno del animal, y le molesta.

            El documento de una oficina de la Onu sobre la Santa Sede me ha sonado a un ladrido; y que a un ladrido de  perro angustiado. ¿Por qué se preocupa esa oficina de que la Santa Sede, como Estado internacionalmente reconocido,  en sus relaciones diplomáticos con otros Estados, defienda la vida del concebido no nacido, defienda la familia, alce la voz una y otra vez pidiendo libertad de expresión?

            Ciertamente no será porque Bahrein, un país musulmán que permite la libertad religiosa, ha concedido un terreno a la Santa Sede para que se construya una Catedral, siguiendo una tradición que comenzó allá por los años treinta del siglo pasado, cuando permitió la construcción de una iglesia católica para atender a trabajadores asiáticos católicos, especialmente filipinos e  indios.  La existencia de esa Catedral no debe preocupar mucho a esa oficina de la Onu.

            Lo que le preocupa es la voz de la Iglesia en defensa del ser humano, de la familia y de la libertad. ¿Por qué? Sencillamente porque saben que la Iglesia alza la voz en nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Y porque saben, que así como pueden acallar o, por lo menos, hacer ineficaces las protestas de otros países, con la Iglesia no pueden jugar.

            La Iglesia está en un proceso claro, y constante, de descubrir el rostro de Cristo, y de transmitir al mundo el mensaje de la divinidad de Jesucristo. Es el aroma de la “divinidad” del Señor, que sienten latir en la Iglesia, lo que provoca estos “ladridos”. Y con razón.

            “La negación de la divinidad de Cristo implica la transformación radical de la doctrina de los sacramentos, de la eclesiología y del sacerdocio ministerial. Los sacramentos se reducirían a meros signos externos y humanos; la Iglesia quedaría reducida a una institución esencialmente social e histórica, con una simple referencia a lo que es trascendente; y el carácter de las ordenes sagradas quedaría negado” (Ratzinger, 1992).  

            No es de extrañar que los ataques de personas semejantes a las de esa oficina de la Onu contra Benedicto XVI, hayan sido duros, fuertes y constantes, porque  Benedicto XVI hizo todo lo posible para mostrar la vaciedad de opiniones como la “ideología de género”, los falsos conceptos de libertad y de razón, de persona humana, de familia, en los que pretenden sostenerse diversas corrientes ideológicas actuales.  

            Estos ataques a la Iglesia parecían haberse amainado un poco ante las primeras palabras del papa Francisco. ¿Se han reverdecido ahora? No lo sé. Pero el hecho de que hayan surgido a la vez que acusaciones sobre la pederastia de algunos sacerdotes, me hace pensar que sí.

            Sandro Magister lo dice muy bien:

            “Hoy, con el Papa Francisco, esta ofensiva  ha cambiado de cara: se reviste de una aprobación universal e incondicionada a la presunta “revolución” del nuevo Papa, pero en realidad su objetivo es neutralizar la Iglesia en un humo indistinto, reduciéndola a una realidad inocua e insignificante. El riesgo es que dentro de la misma Iglesia no nos demos cuenta de esta insidia y nos hagamos la ilusión de que con el Papa “bueno” y “popular” la suerte gire infaliblemente hacia un futuro radiante”.

            Puede quedarse tranquilo Sandro Magister. En la Iglesia sí nos damos cuenta de esa insidia.

            Los ataques por la pederastia, cuando la Onu no se le ocurre hacer un ataque semejante a los Estados Unidos  ni a otros países miembros, siendo la pederastia en  familias  más de cien veces superior, hacen pensar que las personas de esa oficina han querido echar fango sobre la Iglesia, precisamente porque la descubren viva, fuerte, segura, capaz de combatir el mal, perdonar y pedir perdón, y alzar la voz de Cristo en medio de todas las tormentas. O sea, con sus ataques confiesan a Cristo muerto y Resucitado.

            “Ladran,  luego caminamos”.

            Y caminamos por el buen camino, el camino que nos ha indicado Cristo: el Camino, la Verdad y la Vida.

            Quizá en Francia se han dado cuenta, y Hollande ha retirado su inicuo proyecto de ley sobre la adopción de niños a parejas de homosexuales, y el comercio de embriones en adopción a lesbianas; una noticia que ha pasado algo inadvertida, precisamente porque no está muy en sintonía con las notas que quiere marcar esa oficina de la Onu.

 

Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com


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