Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La Iglesia del futuro

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Un artículo de...

Ernesto Juliá
Ernesto Juliá

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Comentando con un amigo un artículo de junio pasado de Galli della Loggia, intelectual italiano de origen marxista, hoy liberal y no declaradamente religioso, paramos nuestra atención en el tema de fondo del escrito: la “revolución anticristiana” en Europa, hoy.

Quizá el  enunciado, así dicho, suena un tanto llamativo. Los ejemplos que añade, y los que cualquiera de nosotros podemos ver a diario –léase el ·espectáculo· montado por las Femen al card. Rouco-, ayudan a entender que no lo es tanto. Corresponde a una realidad que se va extendiendo paulatinamente.

 Un imprenta en Francia tiene que recurrir a los cauces legales para defenderse por no haber aceptado la oferta para imprimir una  revista gay; un obispo belga ve interrumpida una conferencia por la intempestiva entrada de un grupo de mujeres Femen –que por cierto cobran por montar estos espectáculos, y compran a las televisiones para que las filmen, todo sea dicho-;  los pastores luteranos de Dinamarca se ven obligados por ley a celebrar en sus iglesias uniones de homosexuales;  católicas, enfermeras en hospitales inglesas, ven coartada su libertad de llevar una medalla con la cruz, etc., etc .

¿Quién tiene miedo a la libertad de predicación de la Iglesia?

“Revolución anticristiana”. Es posible. No sería la primera, ni será la última.

“Las iglesias cristianas –señalaba Galli della Loggia- no sólo han sido expulsada progresivamente en casi todas partes de cualquier esfera pública mínimamente relevante, (…) sino que a diferencia de las demás religiones, en la actualidad es legítimo dirigir las ofensas más graves y los insultos más sangrientos contra el cristianismo”.

Todo esto no nos extraña. Los restos de Europa que se quiere suicidar a base de abortos, familias destruidas, ideologías de género, sexo sin cabeza ni corazón, y sin futuro, se enterraran ellos a ellos mismos. Han perdido el amor a la Verdad; han perdido el respeto a sí mismos, han perdido la pasión de vivir, han perdido la capacidad de gozar de la belleza. El “sexo” no da para más. Y desaparecerán sin haber conseguido su objetivo.

  Cristo no se irá de la faz de la tierra, y tampoco de Europa. Y quedará  la Iglesia del futuro, la Iglesia desprendida del lastre de siglos y del pecado,  que ya vio desde la distancia, allá por el año 1969 del siglo pasado, el entonces prof. Ratzinger:

“El futuro de la Iglesia, también en esta ocasión, como siempre, quedará marcado de nuevo con el sello de los santos (…) Permanecerá la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia que cree en el Dios que se ha hecho ser humano y que nos promete la vida más allá de la muerte (…) Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión (…)En estos cambios que se pueden suponer, la Iglesia encontrará de nuevo y con toda la determinación lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin”.

“A mi me parece que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas (…) Y florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da  vida y esperanza más allá de la muerte”.

No se ha equivocado el entonces prof. Ratzinger. La Iglesia renace siempre. Es Cristo Quién la fundó, y es el Espíritu Santo Quien la guía. Y éstas son palabras siempre nuevas y siempre viejas, siempre eternas.

Las Femen, y con ellas, todos los que se obstinan en dominar el mundo, los hombres, y echar a Cristo del horizontes de los humanos, tienen el vuelo corto, muy corto, si acaso tienen alguno.

Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com


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