Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Homosexualidad e islam

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Un artículo de...

Pilar Gonzalez Casado
Pilar Gonzalez Casado

Profesora Agregada a la Cátedra de Literatura árabe cristiana de la Universidad San Dámaso.

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Omar Sharif Jr., nieto del protagonista de Doctor Zhivago, se erigía públicamente hace unos días en defensor de los derechos de los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales en una entrevista en la que relataba las diferentes vicisitudes que sufrió en 2012, cuando hizo pública su homosexualidad, y tuvo que abandonar Egipto y exiliarse en Estados Unidos durante el gobierno islamista. Cuatro años después, la represión del gobierno de Al-Sisi contra los homosexuales no ha cesado sino que parece que ha aumentado. El actor y modelo considera que el rechazo de la sociedad egipcia obedece a un problema social aunque no tiene muy claro si también es una cuestión religiosa.

El Corán se refiere indirectamente a la homosexualidad en cuatro pasajes prácticamente iguales (C7, 80-84; 27, 54-55; 26, 165-166 y 29, 29) cuyo trasfondo literario es la historia bíblica de Lot en el Génesis. Según el Libro, los sodomitas en lugar de buscar a sus mujeres, guiados por la concupiscencia, requirieron los favores de los varones que la Biblia identifica con los mensajeros enviados por Dios. Esta actitud es considerada como una violación de la Ley, propia de un pueblo inmoderado e ignorante, y desató la lluvia de fuego sobre Sodoma.  La tradición exegética del Corán reelaboró esta historia más detalladamente y un hadiz atribuido al Profeta, en el que maldice a las mujeres que buscan parecerse a los hombres y a los hombres que buscan parecerse a las mujeres, junto con los versículos coránicos en los que Dios afirma que creó a la pareja humana como varón y hembra (C 75, 39), ofrecieron a la jurisprudencia islámica el fundamento para castigar esta falta y considerar las relaciones homosexuales como ilícitas al romper la armonía sexual querida por Dios. En todo el norte de África y Oriente Medio (Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Siria, El Líbano, Jordania, Turquía, Iraq, Irán, Bahréin, Kuwait, Omán, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Sudán y Yemen), rija explícita o implícitamente la sharia e independientemente del rito jurídico que la aplique, las relaciones homosexuales están castigadas con penas correctivas que incluyen multas, trabajos forzados, cárcel, lapidación e incluso la muerte.

«¡Cuántas noches me han servido las copas las manos de un corzo que me compromete! Me hacía beber de sus ojos y de su mano, era embriaguez sobre embriaguez, pasión sobre pasión. Yo tomaba los besos de sus mejillas y mojaba mis labios en su boca, ambas más dulces que la miel». Así cantaba el poeta andalusí Ali ibnAbi-l-Husayn el erotismo entre dos hombres, entre el copero y el poeta, en el siglo XI. Las literaturas árabe y occidental junto con el cine dibujan un imaginario islámico formado al calor de la cultura árabo-persa tolerante con el amor homosexual. Desde las miles de versiones cinematográficas y literarias de Las mil y una noches hasta la poesía clásica y moderna acompañadas por la novela. Según el Corán, a los que lleguen al jardín de las delicias, además de las huríes, les esperan coperos de eterna juventud que les ofrecerán copas de agua viva, frutas y carne de ave. Pero las manifestaciones artísticas siguen un camino diferente del de la exégesis coránica. Sus comentaristas autorizados no concedieron carácter homosexual a los coperos del paraíso y la dureza unánime de la sharia plasma la condena de la homosexualidad en una religión en la que el celibato no existe y el estado perfecto del hombre es el de casado. La masacre de Orlando es causa del desequilibrio al que puede llegar el ser humano, pero, por encima de las manifestaciones artísticas y del rechazo o la aceptación social de la homosexualidad, la actitud del islam con respecto a ella que mana del Libro y de la Ley es abiertamente intolerante.

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