Jueves 23/11/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Histórico Benedicto XVI

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No quisiera quitar importancia a los momentos que estamos viviendo pero sí dirigir la mirada a los hechos del Pontificado del Papa teólogo humilde servidor en la Viña del Señor. Pero también en estos "momentos históricos" merecen ser subrayado los actos de cada jornada del gobierno pastoral en y desde el Vaticano, pues también son históricos.

En este sentido deseo resaltar aquí algunos logros de mayor calado durante el pontificado de Benedicto XVI que podrían pasar ocultos porque no parecen asuntos urgentes para los hombres de hoy. En primer lugar el Santo Padre ha recuperado el sentido de Dios y Padre creador que implica al hombre en el desarrollo ecológico del mundo, a partir de su conciencia de criatura e hijo de Dios. Cuando la modernidad podría hundirnos en el hoyo profundo del nihilismo, el hombre que sabe su posición en el cosmos será una barrera a las ideologías y al materialismo.

Otro gran capítulo de este pontificado podría ser su empeño por recuperar la importancia de la adoración y respeto al Dios Grande que atrae todas las cosas suaviter et fortiter, pues cuenta con la libertad responsable de los hombres, y las estructuras a favor del bien común que puede crear una sociedad abierta.

Benedicto XVI ha contribuido decisivamente al mejor desarrollo de la liturgia como adoración a Dios, como auténtica vivencia religiosa al cien por cien, y por ello con capacidad para dignificar a la Iglesia y a los creyentes. Concretamente, este Papa se ha esforzado por vivir y explicar el porqué de celebrar con el Crucifijo en el altar, con la conciencia de que el sacerdote y los fieles que salen al encuentro de Cristo que viene cada día. Ha destacado con hechos la importancia de disponer el altar, los ornamentos, y las ceremonias de modo que resalten mejor el sentido de amor y adoración a Dios, sin vulgarizar la liturgia, en plena sintonía con el Concilio Vaticano II.

Finalmente, nuestro tiempo necesita mucha esperanza para salir del pozo en que se medito la modernidad cuando excluye a Dios de la vida de la sociedad. La encíclica Spes salvi es una luz ilusionante para mostrar que las pequeñas esperanzas humanas no salvan, pues sólo en Dios reside las Esperanza. No son las ideologías quienes salvan sino la verdad sobre Dios, la Creación y el hombre tal como se nos ha revelado en el proyecto histórico y universal de salvación ofrecido por Jesucristo.

Jesús Ortiz López

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