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Tribunas

Gobernante, intelectual, honrado

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Al oír noticias y comentarios "a borbotones" desde hace seis horas, hoy 11 de febrero 2013, salen de mi cabeza esas tres palabras y juego con ellas: Un intelectual ¿no puede ser gobernante?; un gobernante ¿no puede ser honrado?; un hombre honrado hasta la médula ¿no puede ser sabio y además saber gobernar?

Cuantas cosas se están diciendo desde hace tan pocas horas sobre Benedicto XVI, desde que ha anunciado que no tiene fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. ¡Y las que se dirán aún en estos 17 días...!

La sorpresa de tal noticia hace conmover a muchos, a millones... "Algo" hay en la Iglesia hasta para los que no creen en ella o no la quieren; y mucho más 'algo' hay en ella para los que de verás queremos quererla.

¡Benedicto XVI! Alguna vez, recién comenzado su Pontificado Romano, oí: Las multitudes venían a Roma a ver a Juan Pablo II; ahora vienen a oír a Benedicto XVI. Su palabra de maestro tiene el arte de decir lo más difícil de modo sencillo, bello, trasparente. Su hablar en las audiencias a las multitud es algo que nos vamos a perder... La sabiduría se muestra en ese enseñar profundo, y a la vez 'sencillo'.

Pero Benedicto XVI ha sido gobernante desde la honradez más pura: Soy un humilde trabajador de la viña del Señor, fue su saludo al mundo en el momento de ser elegido.

Se me ocurre pensar en aquella preciosa y tierna frase que dijo tras el inmenso aguacero de Cuatro Vientos, Madrid, en la JMJ 2011: Hemos vivido una aventura juntos. Me parece que esa frase es el retrato más limpio de la "travesía" que durante estos años ha hecho la barca de Pedro, de manos de este gran timonel: Una aventura juntos.

¿Qué ha pasado en la Iglesia Universal, en el Vaticano, en la humanidad en estos ocho años que ha durado el gobierno pastoral de Benedicto XVI?

Lo de 'más difícil todavía' parece que se daba cada amanecer al salir el sol en el Vaticano. La pederastia, el IOR, Paoletto, la carta a los Obispos del mundo a raíz de los 'lefevrianos', o el discurso de Ratisbona, o las reacciones de los gobiernos y parlamentos reprobando las palabras de Benedicto en África sobre moral sexual...; o por otra parte, los pasos de acercamiento a los anglicanos...

Gobierno con mente y corazón de sabio y honradez probada -probadísima- en el tacto prudente y en el pulso sereno. Difícil, muy difícil, es resumir el Pontificado de Benedicto XVI en pocas palabras.

Pero al leer y releer el texto de su 'dimisión' se descubre aún más una mayor talla de gobernante y de sabio honrado: Examinando ante Dios reiteradamente mi conciencia... por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas... Y añade: este ministerio debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.

Al 'paladear' esas cuatro palabras (obras y palabras, sufriendo y rezando) pienso que está hablando el Papa en presente: Debe ser llevado; y saco mi conclusión: entonces, además de obras y palabras es que ha ido llevando el timón sufriendo y orando, ha tenido dolores y rezos. Y no he podido menos que recordar aquella carta que antes cité: desgraciadamente este 'morder y devorar' (Gal. 3, 13-15) existe también hoy en la Iglesia (12 marzo 2009).

Hace dos años Benedicto XVI decía en una entrevista a un periodista alemán que no descartaba dimitir, si la salud no le respondía suficientemente. Y hoy, 11 febrero 2013, se cumple esa 'condición': Mi vigor tanto del cuerpo como del espíritu ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer el ministerio que me fue encomendado.

Esas palabras me hacen cambiar ahora los adjetivos que dan título a estos apresurados renglones; porque Benedicto XVI es pastor, sabio y santo. Lo ha demostrado durante ocho años y lo ha demostrado rotundamente hoy.

Rafael Higueras Álamorhiguerasalamo@gmail.com

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