Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Generación Cuatro Vientos

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Difícilmente se podrá negar que la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid ha marcado decisivamente la vida interna de la Iglesia en España. No son pocos los jóvenes que, después de aquellos memorables días, se han encontrado con Cristo o han dado ese definitivo sí, acariciado y deseado, a la entrega plena de su vida al Señor y a la Iglesia. Más de una docena de Monasterios de Clausura, esparcidos por nuestra geografía patria, dan fe de lo que queda de la JMJ.

os efectos de la JMJ se percibirán, si cabe, a más largo plazo. Después del desmantelamiento efectivo de la estructura que organizó esa Jornada, lo que permanece de los días de la presencia del Papa en Madrid es la experiencia de lo posible, que se convirtió en real; la ratificación de que Jesucristo atrae y engancha, y de que la Iglesia está menos dormida, silenciada, postergada, amordazada, de lo que muchos piensan. En la JMJ se palpó el misterio de la Iglesia.

Los frutos de la JMJ no deben buscarse en la renovación de las estructuras de la Iglesia. Deben encontrarse en la vida de una generación que quedará marcada como la Generación Cuatro Vientos, aquella que tras la tempestad supo hacer silencio en la historia para adorar de corazón a quien es Camino, Verdad y Vida. Por más que se anuncien Congresos Nacionales de Pastoral Juvenil, -como el inminente en la ciudad de Valencia-, lo que servirá de punto de encuentro será la memoria y lo que nazca de la esperanza.

Es posible que la JMJ no haya cambiado los caducos métodos de pastoral de laboratorio, ni la forma en la que la sociología permea algunas propuestas eclesiales. Pero lo que no se podrá negar es que ese acontecimiento sigue despertando la inquietud y la sorpresa, y aún no se han recogido todos sus beneficios. La JMJ nos preparó para que aceptáramos con sencillez las propuestas de Dios y de su Espíritu.

La JMJ de Madrid, un año después, sigue siendo una provocación y un reto. Una provocación incluso para el mundo intelectual. Sorprende cómo, por ejemplo, en un reciente libro del Rector de la Universidad Pontificia de Comillas, P. Julio L. Martínez, S. J., sobre la Religión en el espacio público, el punto de arranque sea una reflexión sobre lo que pasó en la JMJ. O el silencio de los medios sobre esta efeméride. O la escasa palabra de los obispos recordando lo que allí pasó y lo que ha acontecido después.

Quizá la mejor forma de ayudar a la JMJ sea la oración y la osadía apostólica ante un mundo, y una sociedad, que ya no son iguales después de lo que ocurrió en Madrid, hace un año, en estos días del mes de agosto.

José Francisco Serrano Ocejajfsoc@ono.com

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