Domingo 17/12/2017. Actualizado 01:07h

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Tribunas

¿Fundamento para la Esperanza?

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Un artículo de...

Ernesto Juliá
Ernesto Juliá

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El card. Müller, en el libro ”Informe sobre la Esperanza”, se enfrenta con las causas de la situación de pérdida de fe y de esperanza que sufre hoy el mundo occidental; y lo hace con el deseo de orientar  con la  Luz de Cristo, a quienes padecen esa situación, dentro y fuera de la Iglesia.

Otras grandes crisis que se han dado en la historia, como fue el caso de la Reforma protestante, se explicaban por el mal ejemplo moral de estamentos eclesiásticos; por cuestiones de poder sobre la sociedad entre autoridades eclesiásticas y gobierno civil; etc., Si lo que se predicaba, no se vivía por los mismos predicadores, podía surgir la pregunta: ¿será verdad lo que predican?

La situación actual es diferente. No se trata de malas costumbres que llevan a perder la fe; es el rechazo de la Fe lo que lleva a refugiarse en las “malas costumbres”. El mal es mucho más hondo.

“Creo que nuestra sociedad de hoy, considerando a Dios como metafísicamente innecesario y proponiendo un optimismo que no se sustenta en la realidad, está agravando aún más los problemas que la aquejan. Se difunde una forma de vida escéptica y hedonista, totalmente contraria a la naturaleza del hombre, que lo daña irremediablemente. Fijémonos en la resignación, actualmente tan extendida, y en la desesperanza de tantos al no poder encontrar un sentido a la vida. Si a ello sumamos el agnosticismo como propuesta común, es decir la invitación a no buscar la verdad última de las cosas, el panorama es desolador, pues la desesperanza va siempre unidad a la ofuscación de la verdad” (pág. 12).

¿Se ha cansado el hombre occidental de buscar la Verdad? Por desgracia, muchos han abdicado de este empeño. ¿Por qué? ¿Por relativismo, por nihilismo, por incapacidad de conocer?

 “Estas formas de nihilismo del hombre de hoy están en el origen de su radical pérdida de dignidad. Le han convencido de que él mismo no es sino un momento más en la evolución de la materia, el resultado del juego a ciegas del desenvolvimiento de la naturaleza. Le han persuadido de que la realidad entera es puro materialismo y pan-naturalismo”. Primer paso de la crisis: el hombre se considera una cadena más en la infinita variedad de animales que pueblan la tierra.

“Benedicto XVI ha expresado la novedad de esta crisis al afirmar que el hombre de hoy rechaza haber sido generado, haber recibido una naturaleza y, con ello, se niega a aceptar que en el inicio de su vida hay un don. De aquí su pretensión de poner como fundamento de su existencia una autogeneración o, lo que es lo mismo, una capacidad absoluta de “reinventarse” y redefinirse a sí mismo” (págs. 12-13). Segundo paso de la crisis: el hombre que pretende “crearse” a sí mismo.

Las palabras y consideraciones de Müller apenas si necesitan una contraprueba. Basta parar la atención en hechos tan recientes como el galardón que ha otorgado la ONU a la Planned Parenthood, la organización norteamericana de clínicas abortistas – vendedoras de restos de fetos- más extendida del mundo, por su servicio a la “salud sexual”.

Y considerar, además, toda la batalla de los grupos LGBT etc, apoyados por el mismo Obama y tantos otros políticos, que pretenden manipular los restos de conciencia de tantas personas, por el poder de las “leyes”.

“Después de sustituir la religión cristiana con el pensamiento laico, ni tan siquiera nos sorprende el desprecio general por la filosofía y las humanidades en nuestros centros educativos medios y superiores y, lo que es peor, el hostigamiento sistemático de la posibilidad de contar con un Dios personal en nuestras conciencias, ofreciéndonos substituirlo por ídolo mucho más complacientes con nuestra vanidad y mediocridad” (pág. 13).

Este “pensamiento laico” carece de esperanza. ¿Pierde Müller la esperanza?. No. Después de reconocer la aportación que algunos teólogos han hecho a la situación actual de desconcierto, señala:

“Es triste tener que hacer este diagnóstico de un mundo angustiado en su finitud y soledad radicales. Me duele tener que reconocer que los teólogos también hemos contribuido a reducir a Dios a mero instrumento lógico en manos de la reflexión filosófica, olvidando que es el Amor absoluto que funda nuestro ser y que transforma la historia en historia de salvación”.  (pág. 13).

Y subrayo las últimas palabras por expresan el fundamente de la esperanza: Dios que salva; el hombre que vuelve a anhelar ser salvado, porque vuelve a descubrir que significa verdaderamente la salvación ofrecida por Dios, Amor absoluto, en Cristo Jesús.

ernesto.julia@gmail.com


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