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Tribunas

Francia: la religión no es determinante en política

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El debate en el país vecino es intenso. Los socialistas celebran primarias, de donde saldrá el candidato para presidir la República en 2012.

Recibirá el voto de la mayor parte de la izquierda en la segunda vuelta. No parece que vaya a repetirse la sorpresa de hace cinco años, entonces contra Jospin, aunque Sarkozy no debe de estar nada tranquilo.

Junto con los problemas generales que padece Europa, en Francia está muy en primer plano de nuevo la cuestión religiosa, a pesar de haberse superado con creces el centenario de la separación entre Iglesia y Estado. Porque la presencia en las calles del Islam –recién vigente la prohibición de rezar en la calle‑ ha replanteado aspectos de laicidad que parecían pacíficos.

En esta coyuntura, el diario "La Croix" acaba de publicar los resultados de un nuevo sondeo sobre la influencia de las creencias religiosas en las decisiones políticas (12/9/2011). Tienen un peso mucho menor del que desearía

Christine Boutin, candidata en 2012 con su partido democristiano, segregado de la mayoritaria UMP. Pero un pequeño porcentaje de creyentes sigue dando importancia a la orientación de los partidos en algunos temas que consideran esenciales, como la política sobre la familia y la escuela. De ahí, por ejemplo, la inesperada y fuerte reacción, también por parte de diputados de UMP, ante la introducción de la teoría de género en los programas escolares.

En conjunto, sin embargo, se puede afirmar que el voto de los católicos es semejante al de los demás franceses. Así se deduce de la encuesta realizada por IFOP por encargo de l'Association pour la fondation de service politique (AFSP), un "think tank" de inspiración católica creado en 1992. No existe propiamente un "voto católico", aunque se advierten determinaciones específicas entre los creyentes.

En primer lugar, se da una convergencia real de las expectativas de los católicos practicantes y los demás franceses. Coinciden sus cinco primeras prioridades: el empleo, la seguridad, el poder adquisitivo, la política social y la reducción de la deuda. Pero los católicos sitúan en sexto lugar la libertad de elección de centro educativo para los hijos. Coinciden en este punto los que votan a la izquierda o a la derecha, mientras que esa inquietud no es prioritaria para los otros ciudadanos. A juicio de Jérôme Fourquet, director adjunto del departamento de opinión pública en IFOP, "la cuestión de la escuela es realmente un marcador de voto católico".

Además de la libertad de elección de escuela (+ 23 puntos entre los católicos), otros aspectos en que se advierten más énfasis entre los católicos son: la acción de Francia en Europa (+ 17), el final de la vida y la eutanasia (+ 14), la asistencia a los países del Sur (+ 13), la política familiar (+ 12) y la bioética (+ 11). "Estos resultados confirman que existe una auténtica sensibilidad por parte de los católicos respecto de cuestiones sociales y temas de fondo", subraya François de Lacoste Lareymonde, vicepresidente de la AFSP.

Si el sentido de la vida y de la persona es prioritario, sorprende que otros temas, a los que los medios de comunicación prestan últimamente una atención importante, no tienen relevancia electoral: la presencia de las religiones en el espacio público, o el pleno reconocimiento jurídico de las uniones homosexuales. Apenas aparecen citados y, además, no hay casi diferencia entre los católicos y los demás. Da la impresión de que el Código de Napoleón, dos veces centenario, forma parte de la identidad nacional, más aún quizá que la laicidad positiva derivada de la ley de separación de 1905.

De todos modos, según los sondeos realizados en el contexto de consultas electorales de los últimos años (concretamente, presidencial de 2007, europeas de 2009), los católicos practicantes votan más a la derecha que a la izquierda, aun sin ser su voto determinante. Según la encuesta publicada ahora, el 58% de los practicantes se mueve en torno a un partido de derecha (incluye el 9% próximo a las posturas extremas del Frente Nacional), el 10% se sitúa en el centro, con el MoDem de François Bayrou, y el 29%, a la izquierda (un 9%, con partidos ecologistas). Los porcentajes son distintos entre los practicantes ocasionales: 31% a la derecha, frente al 41% favorable a las listas de la izquierda. Y se aleja entre los no practicantes: 20% frente a 58%. Coincide casi con la previsión general: el candidato socialista obtendrá en primera vuelta la mitad de los votos frente a una cuarta parte en favor de Sarkozy.

La similitud es grande con el estudio de José Ramón Montero, Religión y elecciones en España, en Claves 62 (mayo 1996). No conozco informes posteriores, pero Montero concluía entonces que en España, "durante los últimos 20 años, el dato más relevante del factor religioso ha consistido precisamente en su creciente irrelevancia" (p. 36); "el pluralismo del voto ha propiciado una cierta despolarización religiosa" (p. 26). Por ejemplo, en 1993: "Si la mitad de los muy buenos católicos [46%] votó al PP, una tercera parte [31%] lo hizo al PSOE; entre los católicos practicantes, el peso de los partidos socialista y conservador resulta equiparable [34%]".

Me parece muy positivo, frente a tantos estereotipos que, paradójicamente, se reiteran ahora desde tácticas o indignaciones más fundamentalistas que fundadas.

Salvador Bernal

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