Domingo 17/12/2017. Actualizado 01:07h

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Tribunas

Expertos en manifestaciones

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Sí, no lo duden, se celebró, el pasado sábado, una manifestación en favor de la vida. Como en la gramática de las manifestaciones todo es cuantitativo, tendremos que introducirnos en el giro de la distinción y hablar de manifestaciones de bajo perfil, algo así como concentraciones, manifestaciones de perfil medio y grandes manifestaciones.

Pongamos por caso que las concentraciones acaecidas en algunas ciudades de España pertenecen al primer género, que es, por otra parte, propio de las reivindicaciones de largo alcance, que se prolongan en el tiempo. Serán las concentraciones denominadas áticas, por darles un sesgo ciceroniano. Después están las medias, como la que nos ocupa. Congregan a un suficiente número de personas que son representativas de una economía mayor. En esta ocasión, se ha notado que el trabajo del día después de la manifestación es el de la unidad. Quien ha dado vida a los movimientos provida, uno en cada esquina como es propio de la idiosincrasia hispánica, ha sido el movimiento profamilia, con lo que se ha producido una conjunción fecunda. La defensa de la vida y de la familia siguen siendo, por más que parezca lo contrario, los grandes retos del futuro, con el desgobierno que nos ocupa o con el gobierno del PP viviente –si don Julián Marías levantara la cabeza…-, que en manos de las nuevas generaciones, Sorayas y demás familia, el clan del Red Bull, etc., van a dar que hablar en estas materias. Si bien es cierto que las manifestaciones funcionan más si van acompañadas del perro de Paulov, por eso del estímulo de la ley inicua, respuesta de manifestación denuncia, lo que más cuesta es poner a todos los organizadores de acuerdo en el acuerdo. Y hacer que los medios de comunicación se sumen a la manifestación, pero no en ese momento, en el previo, que es donde se juega la causa. Hará un día en que todos…-ufff, por aquí no sigo-, nos hagamos oír, juntos, de nuevo.

Lo pequeño es hermoso, que diría el clásico de la educación y no precisamente diferenciada. Se palpaba en la calle Alcalá que quienes asistían, menos rumbosos que otras veces, no van a cejar en el empeño de salir a la calle y de reivindicar lo evidente. Una sociedad que tiene que reivindicar la evidencia de lo más elemental es una sociedad condenada a su extinción.

En los círculos más o menos intelectuales de la izquierda está de moda un librito de Stéphane Hessel titulado “¡Indignaos!”, con el subtítulo de “Un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica”. Quienes asistieron a la manifestación a favor de la vida no estaban, ni mucho menos, indignados; estaban esperanzados, que es la diferencia. No como la que propugnaba Sastre en marzo de 1980, cuando decía que “la esperanza ha sido siempre una de las fuerzas dominantes de las evoluciones y de las insurrecciones”, sino como la que nos recuerda Benedicto XVI. El empeño de la Iglesia en alentar la defensa de la vida es un empeño por la supervivencia de lo humano. Aquí nos tiene Zapatero, expertos en manifestaciones.

José Francisco Serrano Oceja

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