Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

España líquida

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A cien días del inicio de la Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI sigue con su pedagogía de la esencia del cristianismo. No debemos perdernos los textos de su visita de este pasado fin de semana a Aquilea y Venecia. Aún es pronto, o ya es tarde, para escribir sobre lo que los obispos están diciendo acerca de los criterios del voto ante las próximas elecciones -no se pierdan los lectores la primera carta del obispo de Ciudad Rodrigo, monseñor Raúl Berzosa, sobre este tema-. En cierta medida, lo que nos estamos jugando en España es el ¡basta ya! frente a las orientaciones que está haciendo de nuestro mundo no inmundo líquido sino inflamable. Es cierto, las elecciones del 22-M son demasiado domésticas, pero están íntimamente conectadas con lo criticado en el fino y riguroso análisis de Benedicto XVI. Una tesis de fondo y forma: “El Evangelio es la fuerza más grande de transformación del mundo, no es una utopía ni una ideología”.

Quizá ha ocurrido así porque la compañía del cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia, de momento, le era especialmente sugerente al Papa para un diálogo de altura. Benedicto XVI se ha centrado en lo esencial. “Es necesario –ha insistido- dar cuenta de la esperanza cristiana al hombre moderno, agobiado por grandes e inquietantes problemáticas que ponen en crisis los cimientos mismos de su ser y actuar”. Primera nivel. España, ¿ha dejado de ser católica? ¿Qué queda de lo católico, del catolicismo? Dice el Papa: “También un pueblo tradicionalmente católico puede advertir en sentido negativo, o asimilar casi de manera inconsciente, los contragolpes de la cultura que termina por insinuar una manera de pensar en la que el mensaje evangélico es abiertamente rechazado u obstaculizado subrepticiamente. Sé lo grande que ha sido y sigue siendo vuestro compromiso por defender los perennes valores de la fe cristiana. Os aliento a no ceder jamás a las recurrentes tentaciones de la cultura hedonista y a los llamados del consumismo materialista”.

Segundo nivel, por eso de que estamos en tiempos de tribulación mitinera. ¿Cuál puede ser la aportación de la conciencia cristiana a la construcción de la sociedad? Dice el Papa: “Encomiendo también a vosotros, así como a las otras Iglesias en toda Italia, el compromiso de suscitar una nueva generación de hombres y de mujeres capaces de asumir responsabilidades directas en todos los ámbitos de la sociedad, en particular en el político. Éste necesita más que nunca de personas, sobre todo de jóvenes, capaces de edificar un ‘vida buena’ en favor y al servicio de todos”.

Tercer nivel y último, por ahora. Zapatero líquido quiere una España líquida, gobierno líquido, política líquida, sociedad líquida, cultura líquida, y uno se ahoga. El Papa ha añadido otro diálogo más, de los suyos, ahora con el filósofo polaco Zygmunt Bauman (Poznań, 1925), que ha puesto de moda la filosofía sobre lo líquido, que no la filosofía líquida, ¿o sí? “Ciertamente –agregó el Papa– es una elección, pero en la historia es necesario elegir: el hombre es libre de interpretar, de dar un sentido a la realidad, y precisamente en esta libertad consiste su gran dignidad. En el ámbito de una ciudad –prosiguió diciendo el Obispo de Roma– también las elecciones de carácter administrativo, cultural y económico dependen de esta orientación fundamental, que podemos llamar “político” en la acepción más noble y más elevada del término. Se trata de elegir entre una ciudad ‘líquida’, patria de una cultura que se parece cada vez más a la de lo relativo y de lo efímero, y una ciudad que renueva constantemente su belleza tomando de las fuentes benéficas del arte, del saber, de las relaciones entre los hombres y entre los pueblos”.

Benedicto XVI es un Papa sólido, muy sólido.

José Francisco Serrano Oceja

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