Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Don Lorenzo Albacete

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Es posible que a muchos lectores no les suene el nombre de Lorenzo Albacete. De monseñor Lorenzo Albacete, con perdón. Es natural. Quien no haya transitado por los entornos, por el mundo, de Comunión y Liberación, a no ser que sean devoradores de prensa internacional, en particular, de la prensa norteamericana, este nombre no les será conocido.

Días pasados supimos del fallecimiento de quien fuera uno de los amigos más cercanos del fundador de Comunión y Liberación, don Luigi Giussani. Se podría decir que Lorenzo Albacete era el alter ego de don Giussani en Estados Unidos, y en no menor medida representaba esa forma norteamericana de entender la fe y la Iglesia que está en los inicios intelectuales y vitales de Comunión y Liberación.

Porque si es cierto que esta realidad eclesial lleva en su ADN el catolicismo italiano, no lo es menos que, desde la famosa estancia, exilio, para ser más exactos de don Giussani en América del Norte, este movimiento de Iglesia tiene no poco del espíritu que reflejara Alexis de Tocqueville en sus escritos sobre el continente americano.

Don Julián Carrón, a quien pudimos saludar el pasado sábado en Madrid con motivo de la toma de posesión de monseñor Osoro –no en vano el Presidente Internacional de Comunión y Liberación es sacerdote de Madrid-, ha escrito una carta al movimiento con motivo del óbito del sacerdote norteamericano que, por cierto, tuvo un papel muy importante en la defensa de san Juan Pablo II en el contexto de la primera Guerra del Golfo.

Carrón señala en la carta que “el encuentro con don Giussani transformó de tal modo su vida que le llevó a desear servir al movimiento en Estados Unidos, dando testimonio de él en la dramática frontera del diálogo entre la fe y una modernidad en busca de significado. Es un diálogo que él buscó con cualquier persona, desafiando al mundo intelectual americano con la única arma del testimonio de un hombre aferrado y transformado por Cristo en su razón y su libertad”.

Quizá una de las enseñanzas de quien fuera columnista de los periódicos de mayor tirada en Estados Unidos, fue esa forma persuasiva con la que impregnaba sus escritos periódicos, y sus libros. Una forma basada en un discernimiento, juicio, certero de la compleja realidad global, a la que siempre lanzaba una mano amiga que llevaba la pasión por la verdad.

El Presidente de Comunión y Liberación lo dice en su mensaje: “Con su trabajo infatigable nos ha mostrado que la fe puede llegar a ser «inteligencia de la realidad», con una capacidad de reconocer y de abrazar a todos sin equívocos o ambigüedades, por amor a la verdad que hay en cualquier persona. Y con su sufrimiento nos ha recordado que no hay circunstancia, por muy dolorosa o difícil que sea, que pueda impedir el diálogo cotidiano del “yo” con el Misterio”.

Descanse en paz don Lorenzo Albacete.

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