Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Diálogo cultural con no creyentes

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Nada mejor que la sede de la Unesco en París para comenzar unas jornadas de diálogo y confrontación entre diferentes culturas y creencias, con espíritu abierto y libre. La iniciativa procede de Benedicto XVI, tras su viaje a Praga en 2009. Aquella visita a un país, que se presentaba como el más ateo de Europa, fue mucho más fecunda de lo esperado. Y, entre los frutos, el relanzamiento del dialogo entre fe y razón, tan querido de Joseph Ratzinger.

El “patio de los gentiles” no es una actividad del recién creado consejo pontificio para la nueva evangelización, sino del ya clásico consejo de la cultura, presidido actualmente por el Cardenal Gianfranco Ravasi, que presentó el evento en París. Se subraya este punto para insistir en la característica esencial de diálogo franco propio de la iniciativa. No es cuestión de “proselitismo”, sino de presencia honesta y respetuosa de la religión en el areópago intelectual y social de nuestro tiempo.

Estos coloquios son un auténtico reto para una sociedad secularizada. Según un sondeo encargado a CSA por La Croix: el 49% de los franceses no considera “inútil” desarrollar este tipo de diálogo, pero el 59% estima que “la cuestión del sentido de la vida no se plantea de veras o muy raramente”. Puede verse en: http://www.la-croix.com/illustrations/Multimedia/Actu/2011/3/23/sondage-parvis-gentils.pdf.

La primera experiencia se celebró a mediados de febrero en la Universidad de Bolonia, una de las más antiguas de Europa. Allí se explicó el sentido del término, con referencia al espacio abierto a los no judíos delante del Templo de Jerusalén: “un lugar donde los hombres pueden, de alguna manera, acercarse a Dios sin conocerle y antes de haber encontrado el acceso a su misterio”.

Lo recordó el Papa en su mensaje en francés a los asistentes a la vigilia en Notre-Dame. La imagen “evoca el espacio abierto en la vasta explanada delante del Templo de Jerusalén, que permitía a todos los que no compartían la fe de Israel acercarse al Templo e interrogarse sobre la religión. En aquel lugar, podían encontrarse con escribas, hablar de la fe y también orar al Dios desconocido. Y si, en aquella época, el patio era al mismo tiempo un lugar de exclusión, porque los ‘gentiles’ no tenían derecho a entrar en el espacio sagrado, Cristo Jesús vino a ‘abatir el muro de separación’ entre judíos y gentiles, ‘para reconciliarlos con Dios en un solo cuerpo, por medio de la cruz, eliminando en sí mismo la enemistad. Él vino a anunciar la paz...’ (Ef 2, 14-17), como nos dice San Pablo”.

En Bolonia se trataron “cuestiones disputadas” entre creyentes y no creyentes sobre temas jurídicos, filosóficos, literarios y científicos. De los cuatro ponentes (un científico, un jurista, un filósofo y un escritor), dos eran creyentes, y dos no. Participaron 2.000 personas. En las discusiones hubo muchas referencias a Nietzsche, Pascal o San Agustín. Con grandes silencios, máximo respeto mutuo y una atención sostenida, como relataba el Cardenal Ravasi a La Croix.

En palabras del Cardenal, “no buscamos un diálogo académico para encontrar un mínimo común denominador. Queremos afrontar cuestiones de antropología radical como el bien y el mal, la vida y más allá, el dolor, el sentido de la tecnología, etc.” Se trata, sin duda, de las grandes cuestiones que están en el centro del pensamiento de Benedicto XVI ante el mundo del futuro.

Los coloquios de París han versado sobre “Ilustración, religión, razón común”. Se han celebrado en tres lugares significativos del diálogo que se pretende: la Unesco, la Sorbona y la Academia Francesa. Al final, una mesa redonda en el Colegio de los Bernardinos –donde tuvo lugar la famosa intervención de Benedicto XVI en 2008 , con Julia Kristeva, Luc Ferry, Jean-Luc Marion, Axel Kahn, Tony Blair, Giuliano Amato, y los ministros de educación superior y cultura franceses, Valérie Pécresse y Frédéric Mitterrand.

Tuvo especial fuerza la intervención de Pavel Fischer, antiguo Embajador de la República Checa. Narró su experiencia de la confrontación de su “vida como creyente” con el “ateísmo militante”. Y recordó que el “no tengáis miedo” lanzado por Juan Pablo II, había retumbado en la soledad helada de los católicos de la época. “Cuando la religión está proscrita, la cultura es el lugar donde se expresa la esperanza de que la vida tiene un sentido”.

Salvador Bernal

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