Lunes 23/07/2018. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Descanse en paz monseñor Setién

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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La noticia del fallecimiento de monseñor José María Setién ha vuelto a destapar la caja de los truenos. El que fuera obispo de San Sebastián desde 1979 hasta el año 2000, con una renuncia diríamos ex abrupto, representó siempre una incógnita. La incógnita de una vida que ha sido leída e interpretada estos días con demasiados trazos gruesos.

Recuerdo las conversaciones con mi admirado siempre José Ignacio Tellechea a propósito de monseñor Setién, su compañero de pupitre.

Quien mejor conocía al que era entonces obispo de San Sebastián, un obispo vilipendiado por muchos y defendido por pocos, solía mantener un escrupuloso silencio sobre su obispo, adornado solo con anécdotas de la infancia y de la juventud que reflejaban ya una personalidad exigente, la de monseñor Setién, con tendencia a la abstracción y a la absolutización de las ideas.

Habría que recuperar ahora las referencias a monseñor Setién escritas en la autobiografía de Tellechea “Tapies de la memoria”.

Mucho se puede decir y escribir sobre monseñor Setién. Respecto a la cuestión del nacionalismo y del terrorismo, hay que recordar que el obispo de San Sebastián, con su implacable dialéctica forjada en el método escolástico y en su amplia formación, tuvo a la Conferencia Episcopal Española en una especie de secuestro a la hora de abordar y debatir el terrorismo de ETA, y el problema del nacionalismo. Las aproximaciones a fondo en ese foro solían concluir con aquella especie coletilla de “Este es nuestro problema. Nosotros sabemos de este problema. Es una cuestión nuestra, de nuestra Iglesia”.

Hasta que llegó un momento que sintetiza aquella frase pronunciada en la Plenaria por el entonces arzobispo castrense, monseñor José Manuel Estepa: “Tú sabrás mucho del problema vasco. Pero los muertos los pongo yo”.

Y después llegó el texto de “Valoración moral del terrorismo” que nunca algunos obispos le han perdonando al presidente del entonces, cardenal Rouco.  

Y ese era el problema, la dialéctica entre el idealismo, que implica todo ismo, y la realidad, en ese caso de la violencia asesina de ETA que monseñor Setién siempre condenó.

De entre las varias anécdotas con monseñor Setién, hay una de especial relevancia para describir su personalidad. Un debate, en un Curso en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, entre monseñor Setién y el intelectual entonces del régimen socialista Ignacio Sotelo. Una gozada de conversación pública en torno a la viabilidad histórica y social del cristianismo, en la que monseñor Setién recuperó su rol de profesor de la Salamanca de los años de las revueltas estudiantiles y calló en varias ocasiones a Sotelo.

Ah, y también en mi tierruca, se recuerda cuando un cura párroco de Torrelavega, don Teodosio, estuvo a punto de sacar al vicario Setién de una reunión por la pechera… Torrelavega da ya para un libro…

Eran otros tiempos, y otros los protagonistas de la historia de la Iglesia. Tiempos en los que había, entre otras características, libertad ejercida y potenciada y debate público.

Descanse en paz monseñor Setién en la misericordia de Dios bondadoso.


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