Jueves 14/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Casos en la vida religiosa

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La última noticia de la revolución eclesial de las Monjas de Lerma-La Aguilera ha llenado no pocas páginas en la prensa escrita y digital. Según el comunicado conjunto de los Monasterios, el arzobispo de Burgos, monseñor Francisco Gil Hellín, les habría anunciado oralmente la erección de la Comunidad como nuevo Instituto, “Iesu communio”, con lo que se separarían canónicamente del tronco de la familia Clarisa. No es el primer caso que estamos viviendo de segregación, separación, división de Instituto o Asociación de Iglesia; ni de la aparición de nuevos brotes en la consagración plena a Dios. Se está produciendo una inexorable ley de la historia: el progreso para algunos es regreso; lo antiguo muere, lo nuevo florece.

Me voy a fijar en el caso de un grupo de Escolapios de Valencia, que está muy presente en la red, principalmente en los blogs, y que tiene, como ejemplo, un carácter paradigmático. En esto días pasados, las Comunidades de Padres Escolapios han recibido una carta del Padre General explicando la situación de un grupo de religiosos de Valencia. La síntesis es muy sencilla: después de varias visitas apostólicas, se les ha ofrecido un período de reflexión sobre su permanencia o no en la Congregación Religiosa. Han sido visitadores de la cuestión el hoy obispo de Palencia, monseñor Esteban Escudero, cuando era obispo auxiliar, y un destacado religioso español.

¿Acaso se les invita a tomar una decisión por su desobediencia, por ser infieles al carisma, por haber atentado contra los votos, por propugnar doctrinas erróneas? Ni mucho menos. En Internet el caso se denominada “Primavera Escolapia de Valencia”, que puede terminar cualquier día de estos. Si por algo se caracterizó este grupo ha sido por volver a los orígenes; dar un nuevo impulso al carisma de san José de Calasanz y hacer de los colegios en los que estaban referentes de una integral educación católica.

Tengo que confesar a los lectores mi especial devoción hacia san José de Calasanz y hacia los escolapios. No en vano la primera pasión que sentí por la Piedad y por las Letras me viene de los años que pasé en uno de sus más destacables colegios. En no pocas ocasiones vivimos la perplejidad de un postconcilio, en el que en gran medida coincidió con la decadencia de esta Congregación. En los viajes a Roma suelo visitar los lugares romanos de san José de Calasanz. Y allí rezo por el milagro de la resurrección de la Congregación de los Padres Escolapios; y agradezco el ejemplo de tantos religiosos, con nombres y apellidos, que enseñaron a generaciones de niños y de jóvenes a amar a Jesucristo y a servir a la sociedad desde el Evangelio.

José Francisco Serrano Oceja

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