Jueves 22/02/2018. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Cardenales que “desagradan”

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Soy consciente de que citar a determinados cardenales sentenciados al averno de las etiquetas e identificaciones como “opositores al Papa”, “destructores de la comunión”, “artífices del descontento”, trae sus consecuencias. Es decir, “malditos” en la sexta acepción del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, que molestan o desagradan a un sector de la opinión pública, incluso la eclesial.

Pero como siempre he creído que para entender a las personas hay que, antes que nada, escucharlas con atención, me he acercado en estos últimos días al pensamiento de dos purpurados, Carlo Caffarra y Leo Burke. Hoy me voy a referir al primero y en día posterior al segundo. El primero, ya fallecido.

Y para que nadie se lleve a engaño, dado que si en algo creo es en la libertad que busca el bien y la verdad, incluso dentro de la Iglesia, lo mismo he leído en las últimas semanas varios libros de y sobre estos autores que lo he hecho con obras del cardenal Turkson, el cardenal Madariaga o el cardenal Tagle. Por cierto, de los que también escribiré.

Lo que me interesa destacar del cardenal Caffarra es la síntesis que de su pensamiento último hizo el profesor Livio Melina en una reciente conferencia en Valencia, en presencia del cardenal Cañizares, por cierto.

En los últimos días de su vida, el cardenal Caffarra había escrito que “es de urgencia dramática que la Iglesia ponga fin al silencio sobre lo sobrenatural. Cuanto más avanza la mundanización de la Iglesia, más se oscurece en la conciencia del pueblo cristiano la verdad del pecado original y la fe en la necesidad de la redención: los dos pilares sobre los que se asienta toda la propuesta cristiana”.

Sobre la tentación de pactar con la ideología del mundo, el cardenal Caffarra señalaba lo siguiente: “Si se acepta un fragmento de la ideología, se introduce en la mentalidad de los creyentes toda ella. Aquellas condiciones de vida son hoy, de hecho, en todo y por todo pensadas según la ideología postmoderna: la verdad como opinión, el amor como emoción, la libertad como simple posibilidad. La Iglesia está llamada a acoger con misericordia a las personas, no a la ideología”.

Ah, y esa anécdota estremecedora de la carta que le escribió sor Lucía, vidente de Fátima, cuando el cardenal le pidió una oración por el Pontificio Instituto Juan Pablo II: “Vendrá un tiempo en el que la lucha decisiva entre Satanás y el Reino de Cristo tendrá lugar en el matrimonio y la familia; quien defienda el matrimonio y la familia tendrá grandes persecuciones; pero no tenga miedo. Nuestra Señora ya le ha aplastado la cabeza”. 


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