Sábado 21/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Buenas noticias, y Santa Navidad

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Un artículo de...

Ernesto Juliá
Ernesto Juliá

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Entre momentos de persecución gubernamental, y tiempos de indiferencia de los políticos, la Iglesia católica va creciendo en China. Las negociaciones entre el gobierno y la Santa Sede siguen sus caminos. La acción del Espíritu Santo abre siempre nuevas sendas.

Se ha escrito no poco sobre la aparente incompatibilidad de la cultura china con la Verdad de un Dios personal, que se encarna y se hace hombre: Nuestro Señor Jesucristo. Esa incompatibilidad, se decía, crearía una barrera casi infranqueable para la expansión de la Fe. Esa barrera, hoy, se va desmoronando poco a poco; como en su día se desmoronó la barrera de la cultura romana; la barrera de las culturas bárbaras de los pobladores de Europa; la barrera de las culturas de las tribus africanas, de los incas, de los mayas y de otros pueblos de América.

La Fe en Jesucristo, Dios y hombre verdadero, ha convertido ya muchas culturas; y también convertirá la “atea apariencia de cultura”, dominante hoy en Europa.

Las buenas noticias de hoy son un claro signo de Esperanza.

“¡Es un milagro! ¡Es una protección del Cielo!”

Estos fueron los comentarios que salieron del alma de algunos católicos chinos el pasado domingo 13 de diciembre.

Más de 10.000 católicos chinos, proveniente de diversas zonas del país, se reunieron delante de las puertas de la catedral de Zhengding para inaugurar el Jubileo de la Misericordia, y abrir la Puerta Santa.

Toda la ceremonia, con bandas de música y coros de monjas incluidos, fue presidida por el obispo Julio Jia Zhiguo, que no ha sido reconocido por el gobierno, ha estado años en arresto domiciliario, y no ha dejado de manifestar nunca su fidelidad al Papa, y su rechazo de la Asociación Patriótica, controlada por el gobierno.

¿Qué milagro? Muy sencillo. Ningún arresto; ninguna intimidación para que se suspendiera la ceremonia, y la policía, que permaneció siempre frente a la iglesia, no hizo el menor gesto de querer controlar la reunión, ni arrestó a nadie.

Un “milagro” de Navidad. El Niño Jesús nace también en el corazón de tantos chinos, y va llenando las ansias de Dios, de eternidad, de trato personal con un Dios a quien se puede mirar cara a cara, que late ya en tantos millones de corazones chinos, llenos de la Luz de Cristo, de la Luz del mundo.

La Luz del Señor ha iluminado también la inteligencia de los eslovenos.

En un referéndum tenido el pasado domingo día 20, los defensores de que el matrimonio siga siendo definido claramente como la unión de un hombre y una mujer; y de que los niños no puedan ser adoptados por parejas de personas del mismo sexo, porque necesitan crecer con padre y madre, ha ganado por una consistente mayoría: 63.5% de los votos.

Y las buenas noticias no se terminan aquí, en estos días en los que los cristianos en todo el mundo celebramos el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre. Un momento histórico-temporal, que no solo divide la historia de los hombres sobre la tierra, sino que da sentido a toda esa historia, a todo vivir de los humanos sobre este planeta.

El Niño Jesús sigue vivo también en Europa. Y no deja de ser llamativo, para quien sepa leer, que dos países casi destruidos por el poder y la ideología comunista, sean los pioneros en Europa que no introducen en sus leyes esa unión que se denomina “matrimonio” homosexual; unión que, de matrimonio –y sin “” “”- no tiene absolutamente nada. Cuando los hombres pretendemos imitar a nuestro aire la creación de Dios, apenas pasamos de hacer el ridículo, además de hacernos bastante daño a nosotros mismos, a toda la sociedad; y vaya dicho esto con el máximo respeto a cada persona.

Esos dos países son Polonia y Hungría. Órdenes de Moscú, debilidad y miseria de gobernantes propios; falsas ilusiones de “intelectuales” aborígenes, y otros condicionamientos sociales de diverso tipo, han estado a punto de destrozar las raíces más hondas de esos países.

Todas las órdenes, las miserias, las ilusiones, han pasado; las raíces cristianas vuelven a dar nuevos frutos. La Fe siempre engendra la Esperanza, en Dios y en la Vida Eterna, que ha sostenido a los pueblos europeos a lo largo de los siglos.


Ernesto Juliá Díaz

ernesto.julia@gmail.com

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