Viernes 24/11/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El Año Jubilar Lebaniego

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Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Motivos para Jubileos hay muchos. Uno, añadido y relacionado con el modelo Compostelano, que está adquiriendo un singular protagonismo, es el Jubileo Lebaniego o Año Santo Lebaniego. Se abrirá el próximo día 23 de abril, segundo domingo de Pascua, a las 12,00, por el obispo de Santander, en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, a la sombra de las preciosas montañas cántabras.

Monseñor Manuel Sánchez Monge acaba de publicar una extensa y profunda carta pastoral “Nuestra gloria, Señor, es tu cruz”, en la que hace, al principio del texto, una introducción histórica a este Jubileo en torno al mayor trozo conservado de la cruz del Señor.

Escribe don Manuel que el monasterio de Santo Toribio ejerció una especial influencia teológica, espiritual y eclesial en la Edad Media. Allí habitaron los monjes Beato y Eterio. Y desde allí el monje Beato hizo frente a la herejía adopcionista que defendía, nada más y nada menos, que el arzobispo de Toledo, Elipando. También Félix, el de Urgell, sostenía esos errores. Y algún obispo más, por cierto.

Desde el siglo VIII se conserva en ese monasterio, encomendado hasta el presente a los frailes franciscanos, la famosa reliquia del Lignum Crucis. Según una venerable tradición, la trajo desde Jerusalén, Santo Toribio, obispo de Astorga del siglo V. Por cierto, ese monasterio es clave para la historia de las Cofradías porque según el Cartulario de Santo Toribio, que se remonta al 1181, los obispos Juan de León, Raimundo de Palencia, Rodrigo de Oviedo y Martín de Burgos erigieron la Cofradía de Santo Toribio, que hoy es pieza clave para la organización y desarrollo del Año Jubilar.

Desde el 23 de abril de este año hasta el 22 de abril del próximo 2018, Liébana se convertirá en un lugar de peregrinación dentro de un Año para que el que la diócesis de Santander ha dedicado no poco esfuerzo, pese a remar, en no pocas ocasiones contra la corriente de un gobierno autonómico volcado en los festejos culturales y lúdicos.

Un gobierno, el de Miguel Ángel Revilla, empeñado en invitar al Papa Francisco a Cantabria. Una vista que, ciertamente, no se hizo con invitación formal pero que se gestó de forma informal hasta lo extremo. Una visita, por otra parte, que no estaría mal. 

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