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Tribunas

Amor, ¿qué amor?

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Un artículo de...

Daniel Tirapu
Daniel Tirapu

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“Consensus et non amor facit  matrimonium” , dice el aforismo clásico. Es la voluntad, es el querer, es el compromiso el que hace el matrimonio. Hay  conceptos devaluados, demasiado, como para ponerlos en una boca sensata. Basta leer antes de cortarse el pelo una de esas revistas o panfletillos rosas, para evitar poner o usar la palabra amor en un mes al menos. Por el consentimiento matrimonial, varón y mujer se aceptan como esposos, convirtiendo el amor en guía, aprendizaje y compromiso de justicia.

Está de moda el matrimonio  a prueba, la convivencia como paso al compromiso; pero una cosa es vivir como casados y otra experimentar un compromiso definitivo sin serlo; a fin de cuentas, si falla el ensayo, no fracasa  el matrimonio, sino el ensayo y si del ensayo se pasa al compromiso el triunfo del ensayo no es garantía por haberlo ensayado.

Gustave Thibon habla de cuatro componentes en el amor conyugal: pasión, sacrificio, amistad, oración. Seguramente lo primero que han de experimentar los hijos es que sus padres se quieren.

Otra cuestión es el amor que mueve al mundo.  Leía el otro día textos de Marx, Engels y algún otro socialista utópico. La lucha de clases, la dictadura del proletariado, el opio de la religión, de las ideas, de los medios...me pareció que todo eso era llamar con bellas palabras a la envidia, a la soberbia, a la vanidad, a la ira, a la avaricia, a la pereza, la lujuria y la gula.

Un dirigente socialista de un país latino le dijo a otro socialista sueco, Olof Palme, que en su país iban a acabar con los ricos; Palme le dijo que en su país estaban intentando acabar con los pobres. El gran mensaje del cristianismo es que el amor es lo que mueve al mundo ( el problema es dilucidar que entiende cada uno por amor, concepto devaluado hasta límites obscenos).

Estamos en las manos de Dios, menos mal, que se hizo hombre para asumir todo lo humano. Las palabras del génesis de que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza nos deben animar. Porque a pesar de los pesares, aunque mordamos el polvo a diario, el amor de las madres, de las esposas, de los maridos, de los hijos, de los curas, de los misioneros, de las mujeres y hombres de bien, de los amigos de verdad;  el amor mueve al mundo y Dios ha apostado por ti, por todos.


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