Sábado 21/10/2017. Actualizado 01:00h

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Solidaridad

La reinserción conlleva un proceso muy largo

La Fundación Cruz Blanca de los franciscanos ayuda a 1.100 mujeres que ejercen la prostitución

Las unidades móviles que acuden a los prostíbulos están formadas por un profesional y un voluntario. En ocasiones se enfrentan a situaciones peligrosas

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La Fundación Cruz Blanca fue creada por los hermanos Franciscano hace 12 años con el objetivo de ayudar y reinsertar a mujeres que ejercen la prostitución o son víctimas de la trata. Los 100 profesionales que trabajan en toda España junto con 150 voluntarios, son conscientes que no van a resolver la vida a nadie. Su misión es estar cerca de esas mujeres para que se den cuenta ellas mismas que pueden salir de esa situación.

Una Unidad Móvil de la Fundación Cruz Blanca, en una mesa informativa y preventiva sobre salud. Una Unidad Móvil de la Fundación Cruz Blanca, en una mesa informativa y preventiva sobre salud.

Martina Kaplun es la coordinadora de esta Fundación desde hace cinco años.  Afirma que para conseguir que una mujer se reinserte totalmente y abandone la prostitución, necesita un proceso muy largo de trabajo y concienciación.

“En 2015 atendimos aproximadamente a más de 1.100 mujeres en las diferentes visitas que hacemos a los lugares de prostitución. De ellas, más de 400 acceden a que podamos estar más cerca de ellas, en una labor de reinserción y acompañamiento, como realizar visitas médicas, acudir a los servicios sociales o facilitarles recursos que puedan necesitar”, explica Martina, laica que trabaja en esta Fundación de los Franciscanos.

La situación de estas mujeres es muy complicada y el cambio lleva mucho tiempo.  “Tienen muchísimo miedo, deudas, familias que atender en sus países de origen y que dependen de ellas. Nosotros no les ponemos plazos ni juzgamos sus decisiones. Ellas son las que, con nuestro acompañamiento, van dando los pasos que consideren”, explica la coordinadora de Cruz Blanca a Religión Confidencial.

Para llevar a cabo sus proyectos, reciben aproximadamente tres millones y medio de euros anuales de la casilla de fines sociales del IRPF y otro millón y medio de euros al año que proviene de donaciones, o de proyectos subvencionados por las comunidades autónomas y ayuntamientos. “Como formamos parte de la Iglesia, los locales en los que trabajamos son cedidos en su mayoría por las parroquias o obispados”, explica.  

Salir a su encuentro

Uno de sus proyectos es “salir a la calle y a las periferias” para contactar con estas personas en los lugares donde se ejerce la prostitución, con unidades móviles, formadas por un profesional contratado y un voluntario.  

“Estas mujeres son muy valientes y muy capaces, tienen fuerzas para salir adelante por sí mismas. Son mujeres que han huido de su país para buscar una vida mejor y que de repente se han visto envueltas en situaciones muy complicadas. Lo que hay que hacer es estar cerca de ellas para que se den cuenta que con sus fuerzas puede salir de esa situación, no ser el papa ni la mama de nadie”, señala la coordinadora.

Explica las características para colaborar como voluntario: lo primero estar concienciado, no tener prejuicios ni estereotipos, ni discriminar a nadie ni por ideología, situación, ni religión, tener una mínima preparación para enfrentarse a situaciones difíciles y complejas, incluso peligrosas. “Tenemos un protocolo de seguridad establecido y estamos en contacto con la policía para prevenir cualquier situación complicada porque alguna compañera ha recibido amenazas”, desvela. 

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