Jueves 19/10/2017. Actualizado 01:00h

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Mundo

La persecución cristiana en el centro de África sigue siendo noticia, aunque olvidada por muchos

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La República Centroafricana figura en los medios por el golpe de Estado con el que la plataforma Sekala ha derrocado al presidente Bozizé. La mayoría de los rebeldes ahora miembros del gobierno profesan la religion musulmana y rápidamente han apuntado contra elementos cristianos. Solo es el último eslabón de una cadena que ya ha tenido lugar en Chad, Níger, Nigeria, Sudán del Sur o la República Democrática del Congo. Pese a las voces de protesta en ámbitos internacionales, la impunidad con que actúan estos grupos pone en peligro la expansión de la Iglesia en el continente negro.

La voz del obispo español Aguirre y de monseñor Nzapalainga, prelado de Bangui, no tardó en avisar: los rebeldes centroafricanos han saqueado las misiones católicas. Otras comunidades religiosas confirmaron a sus superiores europeos hechos similares. Parece que el Sekala ('unidad' en la lengua local), nombre que escogió el movimiento que ha derrocado al ya ex mandatario Françaois Bozizé, empieza a confundir objetivos. Su raigambre islámica en un área de abrumadora confesión cristiana -85%- les ha jugado una mala pasada. O quizá es el comienzo de nuevos sufrimientos.

«Hay que poner fin a los saqueos y los dirigentes Seleka deben hacerse cargo de sus responsabilidades en relación con todo los daños colaterales», ha expresado el obispo de la capital. La población paga el precio de una revuelta violenta contra un gobernante corrupto y autoritario. Se ha decretado el toque de queda, pero tarde: la ciudad fue arrasada por las guerrillas que entraron hasta el palacio presidencial. Y en los ataques, parece que los cristianos han resultado un blanco apetitoso.

Chad: expulsión del que alza la voz

A diferencia de otras regiones de África Central, en esta antigua colonia francesa sí impera el islamismo como religión mayoritaria. Y cuando eso ocurre, siempre hay quien intenta que prevalezca su forma de vida aunque haya que pasar por encima del de enfrente. Además de pequeñas corrientes de signo fundamentalista, la libertad de los católicos -un quinto de la población- y de otros cristianos se ve restringida cuando denuncia lo que no está bien.

Monseñor Russo, obispo de Doba, fue expulsado en octubre del año pasado por denunciar los efectos perjudiciales que estaba generando la gestión de las explotaciones de petróleo en el sur. Y han pasado cuatro meses hasta que ha podido volver. Su gobierno pasa por ser el deshonroso líder en la clasificación de los corruptos. Los beneficios del subsuelo no generan una mejora de las condiciones de vida de un pueblo castigado por la sequía y la pobreza. Ante eso, lógicamente, la comunidad católica eleva la voz.

Nigeria: el terrorismo de Boko Haram

El caso más sonado, por habitual, tiene como área el norte del país más poblado de África. En un país donde los cristianos constituyen un porcentaje importante, el método más fácil para instalar la ley islámica en el país es echar a los demás. Literalmente, Boko Haram significa "la educación occidental es pecado". Desde 2002, lucha por la implantación de la sharía, algo que ya ha conseguido en toda la franja norte de Nigeria. Posee algunos miles de hombres y el Estado todavía no ha logrado controlarles.

A su paso por poblados cristianos, siembran la muerte y la destrucción. Se cuentan por cientos los muertos o quemados vivos y, pese a que las aguas se han calmado ligeramente, las masacres pueden repuntar en cualquier momento, ya que su motivación pertenece a lo religioso y lo cultural, algo que no va a desaparecer. Además, fundamentalistas de otras partes del continente y de Arabia han llegado para reforzar el avance.

Níger: el contagio de la crisis en Mali

Compartir frontera con una zona de guerra suele generar dificultades, ya por la emigración de grandes grupos humanos, ya porque alguna de las facciones deba buscar refugio en otra parte ante una derrota. El auge del yihadismo en el oeste africano también ha llegado, no obstante en menor grado, a Níger. Tener a Boko Haram a la derecha y a las guerrillas mahometanas que tomaron brevemente el poder en Mali a la izquierda es complicado. Por no hablar de los tuaregs del norte, también armados por su reivindicación de una nación independiente (Azawag).

Las comunidades cristianas allí son realmente minoritarias y la mayoría posee algún vínculo con la burocracia de época colonial. El país se ha mostrado más generoso con la libertad religiosa, pero el efecto dominó podría cambiar esta situación. En septiembre de 2012, un centenar de musulmanes entró en la principal iglesia de Zinder, la segunda ciudad más grande, y destrozó una virgen al grito de Alá es grande.

Sudán del Sur: las herencias de un largo conflicto

El último país en obtener la independencia con reconocimiento internacional fue Sudán del Sur. Tras una pesada lucha en la que los musulmanes, enriquecidos por la venta de recursos naturales y petrolíferos, intentaron acabar con los cristianos, pobres y dedicados a sectores primarios como la agricultura o la ganadería, no quedó más remedio que la separación en dos. Pese a lo cual, las tensiones entre ambas naciones continúan.

Omar al Bashir, acusado por la Corte Penal Internacional de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, ha acogido la formación de radicales. Buena parte de las acciones de Al Qaeda en el este de África han tenido como protector al gobierno de Jartum. Con semejante vecino, los cristianos del sur no han de quedarse tranquilos. Pese a que son mayoría, construir los inicios de un país siempre es complicado, también en el aspecto religioso. Y eso que el presidente Kiir advirtió el primer día que el perdón debía basar la nueva Constitución. Su religión, la cristiana.

R.D.Congo: una mezcla de problemas étnicos y religiosos

El antiguo Zaire no ha gozado de un período de paz constante desde mediados de siglo. La diversidad étnica y una delineación arbitraria de las fronteras en el proceso postcolonial han generado guerra tras guerra, al margen de un sinfín de desplazamientos y emigraciones. Aquí ni siquiera la fe ha logrado frenar las luchas tribales tanto en los estados del norte como en los del este. Los países vecinos, sobre todo Ruanda y Uganda, tampoco quedan libres de responsabilidad. Violaciones, venganzas entre pueblos y regiones, robos, asalto de aldeas. Los crímenes contra los derechos humanos más elementales se han sucedido sin que las alertas de la jerarquía católica hayan podido evitarlo. Y entre los perseguidos, gente sencilla, muchos profesan el seguimiento de Cristo.

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